Santoral, ¿Quién es San Silvestre I?

San silvestre

Este Santo Padre ejerció su pontificado en la época en la que Constantino decretó la libertad para los cristianos, dando alto a las persecuciones. El emperador Constantino le regaló a San Silvestre el palacio de Letrán en Roma, y desde entonces estuvo allí la residencia de los Pontífices.

También tuvo este Pontífice la suerte de poder construir la antigua Basílica de San Pedro en el Vaticano, y la primera Basílica de Letrán. Durante su Pontificado se reunió en el Concilio de Nicea (año 325), en el cual los obispos de todo el mundo declararon que quien no crea que Jesucristo es Dios, no es católico. Compusieron allí el Credo de Nicea. Dicen que a San Silvestre le correspondió el honor de bautizar a Constantino, el primer emperador cristiano.

El Pontificado de San Silvestre duró 20 años. Murió el 31 de diciembre del año 335.

De la Roma pagana a la cristiana

San Silvestre es el primer Papa de una Iglesia que ya no tiene que esconderse en las catacumbas a causa de las persecuciones de los primeros siglos. En efecto, en el año 313, durante el papado del africano Melquíades, los emperadores Constantino y Licinio concedieron plena libertad de culto a los cristianos.

Al año siguiente, Silvestre, sacerdote romano, es elegido Papa. Se desconoce el año de su nacimiento; sin embargo, según el Liber Pontificalis, era hijo de un cierto Rufino romano. Silvestre guió el pasaje de la Roma pagana a la Roma cristiana, y asistió a la construcción de las grandes basílicas constantinianas.

Siempre según el Liber Pontificalis, el Papa Silvestre sugirió a Constantino la fundación de la Basílica de San Pedro en la colina del Vaticano, sobre la tumba del apóstol. Gracias a la colaboración entre Constantino y Silvestre, también surgieron la basílica y el baptisterio de Letrán -cerca del ex palacio imperial donde comenzó a vivir el Pontífice-; la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén; y la Basílica de san Pablo Extramuros.

La memoria de Silvestre está, sin embargo, unida principalmente a la iglesia “in titulus Equitii” que toma el nombre de un presbítero romano que se dice que erigió esta iglesia en su propiedad. Dicha iglesia se encuentra aún cerca de las termas de Trajano, junto a la Domus Aurea.

Papa “confesor de la fe”

Es incierto el papel de Silvestre en las negociaciones sobre donatistas en Arles y sobre el arrianismo en el primer Concilio ecuménico de la historia, desarrollado en Nicea en el 325. Según algunos, ni siquiera pudo intervenir. Pero debe haber impresionado a sus contemporáneos, ya que, apenas fallecido, fue honrado de inmediato públicamente como “Confesor”. Es más, estuvo entre los primeros en recibir este título, atribuido desde el siglo IV en adelante a quien, aunque no fue mártir, transcurrió una vida sacrificada a Cristo. Sin duda, el Papa contribuyó además al desarrollo de la liturgia: cambió para la liturgia los nombres de los días de la semana que recuerdan divinidades paganas, dejando con nombre sólo el Sábado y el Domingo y llamando “ferias” con su respectivo ordinal a los demás días, tal como se usa en portugués.

Durante su papado, probablemente fue escrito el primer martirologio romano. Al Papa Silvestre se le atribuye también el haber marcado las bases del derecho canónico, así como la creación de la escuela romana de canto.

La Milicia de Oro

San Silvestre Papa es el patrono de la orden caballeresca llamada Milicia de Oro u Orden de la Espuela de oro, cuya creación es atribuida tradicionalmente al emperador Constantino.

Después de varias vicisitudes en el transcurso de los siglos, el Papa Gregorio XVI, en el ámbito de una gran reforma de las órdenes ecuestres, separó la orden de San Silvestre Papa de la Milicia de Oro, asignándole sus propios estatutos. En 1905, el Papa Pío X aportó ulteriores modificaciones, aún vigentes.

San Silvestre fue el 33 papa de la Iglesia católica. Resultó elegido un año después del Edicto de Milán en el 313, cuando se promulgó la libertad religiosa.

El papa Silvestre trabajó muy al lado del emperador Constantino para la reconstrucción de la Iglesia perseguida por años.

Fue él quien convocó el primer concilio ecuménico de Nicea, contra las herejías de los arrianos. Se concluyó la cuestión cristológica de la naturaleza del Hijo de Dios y su relación con Dios Padre, también se estableció la fecha de la Pascua, y se promulgó el primer derecho canónico.

El papa Silvestre fue el primero en ceñir la tiara, o triple corona pontificia. Algunos historiadores le atribuyen la institución oficial del domingo como Día del Señor, para recordar la Resurrección.

Junto con Constantino y la madre del emperador santa Elena, hicieron edificar varias basílicas en Roma, como San Juan de Letrán, San Pablo en Ostiense, Santa Cruz de Jerusalén y San Lorenzo. También comenzó los trabajos de construcción en el Vaticano.

Falleció el 31 de diciembre de 335, siendo el primer papa canonizado que no murió mártir. Su cuerpo se encuentra en las Catacumbas de Santa Priscilla.

Patronazgo

Es patrono de las aguas, albañiles y canteros y abogado contra los envenenamientos.

Lugares de culto

En Roma hay dos lugares importantes dedicados al santo: la Basílica de san Silvestre y san Martín de Tours y la Iglesia san Silvestre en Capite.

Curiosidades
En Roma hay innumerables leyendas atribuidas a san Silvestre, una de ellas es cuando amansó a un temible dragón que devoraba a los romanos.

El papa Silvestre era el patrono de la orden caballeresca llamada Orden de la Milicia de Oro o de la Espuela de Oro, que la tradición dice que incluso fue fundada por el emperador Constantino.

Oración

Socorre, Señor, a tu pueblo que se acoge a la intercesión del papa san Silvestre I, para que, pasando esta vida bajo tu pastoreo, pueda alcanzar en la gloria la vida que no acaba. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura del Día 31/12/2021

 

Lectura del Día

De la primera carta del apóstol san Juan 2, 18-21

Hijos míos: Ésta es la última hora. Han oído ustedes que iba a venir el anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido ya, por lo cual nos damos cuenta de que es la última hora.

De entre ustedes salieron, pero no eran de los nuestros; pues si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para que se pusiera de manifiesto que ninguno de ellos es de los nuestros.

Por lo que a ustedes toca, han recibido la unción del Espíritu Santo y tienen así el verdadero conocimiento. Les he escrito, no porque ignoren la verdad, sino porque la conocen y porque ninguna mentira viene de la verdad.

Evangelio del Día

Evangelio según Juan 1, 1-18

En el principio ya existía aquel que es la Palabra,
y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios.
Ya en el principio él estaba con Dios.
Todas las cosas vinieron a la existencia por él
y sin él nada empezó de cuanto existe.
Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas
y las tinieblas no la recibieron.

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz, sino testigo de la luz.

Aquel que es la Palabra era la luz verdadera,
que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
En el mundo estaba;
el mundo había sido hecho por él
y, sin embargo, el mundo no lo conoció.

Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron;
pero a todos los que lo recibieron
les concedió poder llegar a ser hijos de Dios,
a los que creen en su nombre,
los cuales no nacieron de la sangre,
ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre,
sino que nacieron de Dios.

Y aquel que es la Palabra se hizo hombre
y habitó entre nosotros.
Hemos visto su gloria,
gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad.

Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:
“A éste me refería cuando dije:
‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí,
porque ya existía antes que yo’ ”.

De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia.
Porque la ley fue dada por medio de Moisés,
mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás.
El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre,
es quien lo ha revelado.


Vaticano
Tomado de: https://www.vaticannews.va/es/

Santoral, ¿Quién es Santa Anisia?

Santa Anisia

Santa Anisia era una joven cristiana, huérfana de padre y madre y dueña de una gran fortuna con la que beneficiaba generosamente a los más necesitados. En los tiempos del gobernador Ducisio desató una cruel persecución en Tesalónica y trataba de impedir, especialmente, que los cristianos llevasen a cabo sus asambleas religiosas. Anisia decidió asistir a una de estas asambleas, pero en el camino, uno de los guardias del emperador le cerró el paso y le preguntó a donde se dirigía.

La santa confesó valientemente su fe cristiana provocando la ira del guardia quien la mató inmediatamente. Cuando retornó la paz para la Iglesia, los cristianos de Tesalónica construyeron un oratorio en el lugar donde había sido sacrificada la santa.

Santa Anisia fue una joven virgen y mártir del s. III. Nació en Salónica, Tesalia (Grecia) en el año 284. Aún siendo muy joven, quedó huérfana de padre y madre por lo que heredó una gran fortuna. Anisia dispuso de sus bienes de acuerdo a la caridad y se dedicó a ayudar a gente necesitada. Eran tiempos en los que los cristianos compartían habitualmente lo que poseían con otros miembros de la Iglesia.

Una respuesta sin titubeos

En tiempos del gobernador Ducisio se desató una cruel persecución en Tesalónica. El objetivo una vez más era impedir que los cristianos se reúnan y celebren la sagrada liturgia, e incorporen más cristianos mediante el bautismo.

La tradición conserva el relato del martirio de Anisia. Corría el año 304 y tras cumplir con sus deberes, la joven se dirigió al lugar donde se reunía la comunidad para celebrar la Eucaristía. De pronto fue interceptada por uno de los guardias del emperador, que le cerró el paso y le preguntó a dónde se dirigía.

La santa confesó valientemente que era cristiana y que estaba camino a misa. La firmeza de su respuesta provocó la ira del guardia, que la mató inmediatamente.

Años después de la muerte de Anisia, vuelta la paz a Tesalónica tras el Edicto de Milán, los cristianos de aquella región construyeron un oratorio en el lugar donde la joven fue asesinada.

Lectura del Día 30/12/2021

 

Lectura del Día

De la Primera Carta de Juan 2, 12-17

Les escribo a ustedes, hijitos, porque han sido perdonados sus pecados en el nombre de Jesús. Les escribo a ustedes, padres, porque conocen al que existe desde el principio. Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al demonio. Les he escrito a ustedes, hijitos, porque conocen al Padre. Les he escrito a ustedes, padres, porque conocen al que existe desde el principio. Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes y la palabra de Dios permanece en ustedes y han vencido al demonio.

No amen al mundo ni lo que hay en él. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo: las pasiones desordenadas del hombre, las curiosidades malsanas y la arrogancia del dinero, no vienen del Padre, sino del mundo. El mundo pasa y sus pasiones desordenadas también. Pero el que hace la voluntad de Dios tiene vida eterna.

Evangelio del Día

Evangelio según Lucas 2, 36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. (Cuando José y María entraban en el templo para la presentación del niño,) se acercó Ana, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.

Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.


Vaticano
Tomado de: https://www.vaticannews.va/es/

Santoral, ¿Quién es Santo Tomas Becket?

Santo Tomas Becket

Nació en Londres en 1170. Era hijo de un empleado oficial, y en sus primeros años fue educado por los monjes del convento de Merton. A los 24 años consiguió un puesto como ayudante del Arzobispo de Inglaterra (el de Canterbury) quien se dio cuenta que Tomás tenía cualidades excepcionales para el trabajo, así que le fue confiando poco a poco oficios más difíciles e importantes. Lo ordenó de diácono y lo encargó de la administración de los bienes del arzobispado. Lo envió varias veces a Roma a tratar asuntos de mucha importancia. Tomás como buen diplomático había obtenido que el Papa Eugenio Tercero se hiciera muy amigo del rey de Inglaterra, Enrique II, y éste en acción de gracias por tan gran favor, nombró a nuestro santo (cuando sólo tenía 36 años) como Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores.

Tras la muerte del Arzobispo Teobaldo en 1161, el rey Enrique II de inmediato pensó en Santo Tomás como el mejor candidato para ocupar dicho cargo, pero nuestro santo se negó muy cortésmente alegando que él no era digno para tan honorable puesto. Sin embargo, un Cardenal de mucha confianza del Sumo Pontífice Alejandro III lo convenció de que debía aceptar, y al fin aceptó. Cuando el rey empezó a insistirle en que aceptara el oficio de Arzobispo, Santo Tomás le hizo una profecía o un anuncio que se cumplió a la letra. Le dijo: “Si acepto ser Arzobispo me sucederá que el rey que hasta ahora es mi gran amigo, se convertirá en mi gran enemigo”. Enrique no creyó que fuera a suceder así, pero sucedió. Ordenado de sacerdote y luego consagrado como Arzobispo, pidió a sus ayudantes que en adelante le corrigieran con toda valentía cualquier falta que notaran en él. Como él mismo lo había anunciado, los envidiosos empezaron a calumniar al arzobispo en presencia del rey. Dicen que en uno de sus terribles estallidos de cólera, Enrique II exclamó: “No podrá haber más paz en mi reino mientras viva Becket. ¿Será que no hay nadie que sea capaz de suprimir a este clérigo que me quiere hacer la vida imposible?”.

Al oír semejante exclamación de labios del mandatario, cuatro sicarios se fueron donde el santo arzobispo resueltos a darle muerte. Estaba él orando junto al altar cuando llegaron los asesinos. Era el 29 de diciembre de 1170. No opuso resistencia. Murió diciendo: “Muero gustoso por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia Católica”. Tenía apenas 52 años.

El Papa Alejandro III lanzó excomunión contar el rey Enrique, el cual profundamente arrepentido hizo penitencia durante dos años, para obtener la reconciliación en 1172.

“Acepto la muerte por el nombre de Jesús y por la Iglesia”. Cuando poco antes de morir, Tomas Becket pronuncia estas palabras se realiza una parábola extraordinaria de testimonio cristiano. Aquel que había sido un hombre de poder, habituado a mandar, muere como siervo de Cristo y mártir a fin de no renegar de la fe y de custodiar la libertad de la Iglesia Católica.

Hombre de Estado

Nacido en Londres en 1.118 de una familia de origen normanda, Tomas desde joven fue iniciado en la carrera eclesiástica. Formándose en la abadía de Merton, estudia seguidamente en Francia, en la universidad de Bolonia y se distingue inmediatamente por sus cualidades intelectuales. En 1154 se convierte en diácono de de la diócesis de Canterbury y el año después, el nuevo rey de Inglaterra Enrique II lo nombra canciller del reino. Tomas es el hombre de más confianza del monarca, vive una vida agitada y no desdeña los símbolos y los privilegios de poder. Sin embargo el futuro santo no deja de ser generoso con los pobres y muestra una libertad interior también frente al soberano del que se convierte no solo en consejero, sino también en amigo.

Al servicio de la Iglesia

La conversión en la vida de Tomas Becket sucede en 1161 cuando acepta ser el arzobispo de Canterbury. Aquel nombramiento es fuertemente apoyado por el rey Enrique II que jamás hubiera pensado encontrar un fuerte adversario en aquel que una vez era su más estrecho colaborador. Tomas es ahora servidor del Señor que es más grande que el rey de un Estado terreno. El contraste se acentúa cuando Enrique II quiere limitar la libertad y la independencia de la Iglesia católica en Inglaterra, con las Constituciones de Clarendon. A Tomas se le pide firmar la Carta para limitar las prerrogativas de la Iglesia, pero encuentra un baluarte insuperable en el nuevo arzobispo de Canterbury. La imposición viene rechazada con decisión: “En el nombre de dios omnipotente, no pondré mi sello”. El amigo de un tiempo se transforma así, a los ojos del rey, en acérrimo enemigo.

Mártir de la fe y de la libertad

Tomas conocerá la amargura del exilio: después de ser huésped en un monasterio cisterciense tendrá que repararse en Francia. Aquí permanecerá seis años lejos de su patria. Cuando regresa a su Canterbury encuentra la alegre recepción de los fieles, pero una aversión todavía más profunda de parte de la Corona. Se cuenta que un día Enrique II había exclamado que alguno lo liberara de aquel obispo incómodo. Una exhortación tomada de la carta de cuatro caballeros que partieron de Londres hacia Canterbury. Tomas Becket fue asesinado bárbaramente a cuchilladas al interior de su catedral. Era el 29 diciembre 1170. Si narra que a la pregunta de los asesinos “¿Dónde está Tomás el traidor?” Respondió: “Estoy aquí, pero no como traidor, sino como obispo y sacerdote de Dios”. La conmoción suscitada por este asesinato fue inmensa, más allá de los confines de Gran Bretaña, tanto que solo tres años después, el 21 febrero de 1173, el Papa Alejandro III consagra su martirio elevándolo al honor de los altares.

Unas palabras proféticas

En 1161 murió el arzobispo Teobaldo y el rey propuso como nuevo arzobispo a Tomás. Este le respondió: «Si acepto ser arzobispo me sucederá que el rey que hasta ahora es mi gran amigo, se convertirá en mi gran enemigo». Así ocurriría.

Y es que Tomás decidió defender a la Iglesia siempre, por encima de los afanes del poder terrenal.

Fue ordenado sacerdote y consagrado como arzobispo. Su vida como obispo era digna de admiración.

El rey Enrique comenzó a notar que no controlaba a la Iglesia porque Becket exigía la separación entre el poder civil y el eclesiástico. Entonces promulgó una ley por la que la Iglesia quedaba sujeta al gobierno civil.

El arzobispo se negó a aprobar esa ley y fue desterrado de Inglaterra. Seis años más tarde, el papa Alejandro III medió a favor de Tomás Becket y este pudo volver a su país. Parecía que Enrique y Tomás volvían a ser amigos.

A su regreso, el 1 de diciembre de 1170, Tomás Becket llegó como “Delegado del Sumo Pontífice” y fue aclamado por las gentes a su paso hasta la catedral de Canterbury.

Pero el rey volvió a hacer caso de los envidiosos que vertían insidias sobre Tomás Becket. Hasta tal punto que exclamó: «No podrá haber más paz en mi reino mientras viva Becket. ¿Será que no hay nadie que sea capaz de suprimir a este clérigo que me quiere hacer la vida imposible?».

Aquel mismo mes, el 29 de diciembre, Becket estaba orando junto al altar de la catedral cuando se presentaron cuatro hombres y lo acuchillaron. Moribundo, Tomás pudo decir aún: “Muero gustoso por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia católica”. Acababa de cumplir 52 años.

El Papa Alejandro III, sabiendo que el rey Enrique había instigado el crimen, lo excomulgó. Este enseguida mostró un gran arrepentimiento por haber mandado matar a su amigo. Hizo dos años de penitencia y a partir de entonces facilitó la buena relación entre la Iglesia y el Estado.

La noticia del asesinato de Tomás Becket corrió por toda Europa. Tres años después de su muerte, el Papa lo declaró santo a causa del martirio sufrido y porque se habían producido muchos milagros por su intercesión.

Santo Tomás Becket es venerado tanto en la Iglesia Católica como en la Anglicana.

Santo patrón
Santo Tomás Becket es patrono del clero secular.

Oración colecta de la misa
Oh, Dios, que has concedido al mártir santo Tomás Becket entregar su vida con grandeza de alma por causa de la justicia, concédenos, por su intercesión, estar dispuestos a dar nuestra vida por Cristo en este mundo para poder recuperarla en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.