Lectura del Día 09/06/2021
Santoral, ¿Quién es Beata María del Divino Corazón de Jesús?

María Anna Johanna Droste zu Vischering, beata María del Divino Corazón de Jesús, nació el 8 de septiembre de 1863, en Münster, Alemania, junto a su hermano mellizo Max, el día de la Fiesta de la Natividad de la Virgen María. Sus padres fueron el conde de Erbdrosten, Clemente Heidenreich Franz Droste zu Vischering, y la condesa de Galen, Helena von Galen, miembros de una familia católica perteneciente a la nobleza germana, que se distinguió por su fidelidad a la Iglesia durante la persecución del Kulturkampf (combate cultural), conflicto político-jurídico generado por el gobierno alemán contra la Iglesia católica y los católicos defensores de las libertades confesionales.
María fue bautizada inmediatamente después de nacer, porque se encontraba muy débil. De alguna manera, este hecho fue un anuncio de cierta precocidad espiritual. Su primera infancia la pasó en el Castillo de Darfeld, al lado de su familia. Ya en esos años mostraba una piedad especial al Sagrado Corazón de Jesús; piedad que crecería en la oración y la convencería, años después, de que la devoción al Corazón de Cristo siempre va unida a la devoción al Santísimo Sacramento: “Nunca pude separar la devoción al Corazón de Jesús de la devoción al Santísimo Sacramento, y nunca seré capaz de explicar cómo y cuánto el Sagrado Corazón de Jesús se dignó favorecerme en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía”.
El 25 de abril de 1875 recibió, junto a su hermano mellizo Max, la Primera Comunión. María esperaba que Dios se manifestara: “Esperé en ese día la gracia de la vocación religiosa, pero fue en vano…”. Y es que Dios tiene sus tiempos: el 8 de julio del mismo año, sólo después de haber hecho la Confirmación, María empezó a considerar una mayor entrega al Señor.
Sin duda, ella había iniciado ya un itinerario espiritual, que tuvo, en 1878, un momento determinante. Después de escuchar un sermón sobre el pasaje bíblico de San Lucas entorno al mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma” (Mc 12:30), María tuvo una inspiración: “En ese momento pensé: ¡Tengo que llegar a ser religiosa! Hubiera preferido que mis oídos no lo hubieran escuchado, pero es imposible resistirse a la voz de Dios”.
En la primavera de 1879, durante su primera experiencia de vida religiosa, en el Internado de las Hermanas del Sagrado Corazón en Riedenburg, llegó a la siguiente conclusión: “[…] Empecé a entender que sin espíritu de sacrificio el amor al Corazón de Jesús es sólo una ilusión”.
Ya con 20 años, en 1883, sor María relata que oyó en su interior la voz de Cristo que le dijo: “Tú serás la esposa de Mi Corazón”. El 5 de agosto de ese mismo año, mientras celebraba las Bodas de Plata del matrimonio de sus padres, María expresó su deseo definitivo de convertirse en religiosa.
Años más tarde, en 1888, en una visita junto a su madre al Hospital de Darfeld, tuvo un primer contacto con las Hermanas del Buen Pastor y su carisma. El 21 de noviembre de ese año, ingresó al convento del Buen Pastor en Münster, respondiendo a una inspiración del Sagrado Corazón: “De repente, estando en la iglesia parroquial de Darfeld, preparándome para la confesión, mientras esperaba mi turno, me vino, como un relámpago, este pensamiento: “Debes entrar en el Buen Pastor”, y fue para mí tan claro y preciso que desde aquel momento no tuve ya ninguna duda”. María decidió entonces entrar en el noviciado del Convento del Buen Pastor de Münster.
Después de haber recibido el hábito blanco de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, adoptó el nombre de María del Divino Corazón.
Sor María del Divino Corazón pasó sólo cinco años en Münster, pues la obediencia la llamó a una misión especial en Portugal, a donde fue enviada como asistente de la Madre Superiora del Convento del Buen Pastor, perteneciente a su congregación, en Lisboa. Hacia 1894, fue trasladada al Convento de las Hermanas del Buen Pastor de Oporto, para cumplir el cargo de Superiora.
Entre 1897 y 1898, la Madre María del Divino Corazón tuvo una serie de locuciones interiores que la impulsaron a escribirle al Papa León XIII para pedirle la consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús. El Papa León XIII accedió a dicha petición.
María del Divino Corazón murió en Oporto el 8 de junio de 1899, después de haber sufrido una parálisis durante sus últimos tres años de vida.
Su cuerpo se encuentra incorrupto y actualmente está expuesto para la veneración pública en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Ermesinde, Portugal, cerca del Convento de las Hermanas del Buen Pastor de esa localidad. Algunas de sus reliquias pueden venerarse en el Convento de las Hermanas del Buen Pastor de Oporto y en la Capilla de los Confidentes de Jesús, en el Santuario Nacional de Cristo Rey en Almada, en Lisboa.
En 1964, la Madre María del Divino Corazón recibió oficialmente el título de Venerable por la Congregación para la Causa de los Santos.
El 1 de noviembre de 1975, Solemnidad de Todos los Santos, fue beatificada por el Papa Paulo VI, al cumplirse el tercer centenario de las revelaciones del Corazón de Jesús a santa Margarita María Alacoque, al lado de la cual ella se distingue como apóstol de la misericordia del Corazón de Cristo.
Lectura del Día 08/06/2021
Santoral, ¿Quién es Beata Ana de San Bartolomé?

Ana García Manzanas nace el 1 de Octubre de 1549 en Almendral (Ávila), de familia pobre en bienes materiales, pero muy buenos cristianos. Es la sexta de siete hermanos.
Desde su niñez dedicaba tiempo a la oración y la penitencia. Cuando tenía la edad de 10 años fallecen sus padres y sus hermanos la enviaron como pastora. A la edad de 13 años la quieren casar pero ella rechaza a todos sus pretendiente y le ruega a Dios que la libre del matrimonio de forma que se case con Él mismo.
Ingresó en el Carmelo de San José de Avila el 2 de Noviembre de 1570. Fue la primera lega de la Reforma de Santa Teresa.
Siendo novicia, conoce a Santa Madre Teresa de Jesús, quien dice: “Aunque sea novicia, llévenla a mi celda, que quiero que sea mi compañera”. Desde un principio fue muy querida de la Santa Doctora, quien le dio permiso para la profesión, y en cuyas manos hizo sus votos el 15 de Agosto de 1572.
Por obra de Dios, méritos de Santa Teresa y obediencia de esta beata, ascendió de simple hermana conversa y analfabeta a la secretaria muy particular de la doctora mística.
En funciones de secretaria acompañó a Santa Teresa en sus correrías fundacionales. Y la Santa, reconociendo la valía de su prestación personal y su extraordinaria santidad, llegó a decirle: “Ana, Ana, tú tienes las obras, yo tengo la fama”.
Aprendió a escribir de modo milagroso.
Destacó siempre por su extraordinaria caridad, tanto para con Dios como para con el prójimo.
En su autobiografía se lee que deseaba con ansias morir de amor y suspiraba por esta dicha. Suya es la frase: “¡Ay, como me pesa este cuerpo!. Y estoy cansada de cuidarle, todo mí deseo sería ver rotas estas cadenas!”
Muerta Santa Teresa, pasó a Francia, donde fundó varios conventos, dando maravillosos ejemplos de todas las virtudes. Tuvo muchas apariciones de la Santa.
En su biografía, ella nos cuenta:
“Estando en esta fundación de Ocaña, la noche de Navidad, después de los Maitines, me quedé recogida y en sueños me mostraron la venida que había de hacer a la Francia. Entráronme en un mar muy oscuro que me daba temor y me enviaron con unas compañeras que no eran mis conocidas, sino una conocí después en este recogimiento. Me hallé forzada mi espíritu antes de esta vista en un vivo deseo de ser mártir, y aunque algunas veces se me han apretado estos deseos, no tan perfectos como esta vez, que me hallaba con una conformidad y gozo, tomándolo por Dios con el más encendido amor que en esta parte he tenido (…) Se me mostró Nuestro Señor como cuando andaba por el mundo, mas con grandísima hermosura y Majestad, pero por otra parte afligido, dándome a entender la mucha pena que tenía y tocándome en el hombro, me dijo: “Hija, ayúdame. Mira las almas que se me pierden en Francia”. Y fuéme mostrando todo el reino y estas tierras de por acá cómo se están abrasando en herejías y grandes pecados. Y de aquel tocarme en el hombro me parece descargó su pena y me la dio a mí tan grande y sentí tan gran dolor que me parece me moría. Los efectos con que quedé de este arrobamiento y visión fue un amor tan abrasado con aquellas almas y las de todos mis prójimos que me parece me iba secando”.
En su Autobiografía, escrita por obediencia, nos dejó constancia de las muchas gracias místicas que gozó durante su vida, como fruto de su gran amor a la Humanidad de Jesús y al Misterio de la Santísima Trinidad.
Tuvo el don de la bilocación, cuando se enteró que su confesor, el P. Juan de San Cirilo estaba por morir, oró por él y se vió al su lado y dándole consejos a su enfermero. Tuvo el don del conocimiento de almas, el que usaba para orar por los demás y aconsejarlos antes de que le contaran sus problemas.
Sufrió muchos ataques y tentaciones del demonio, lo veía en forma de perro gigante en la cocina de Ávila. A éste se le enfrentó diciéndole que no le tenía miedo y que prefería tener siete demonios que a un solo hombre en el monasterio. Viendo esto, el demonio se fue por la chimenea.
Amaba mucho a la Virgen María:
“Estando una vez en la fiesta de Navidad haciendo mi oración, adoraba las llagas de los pies de Jesucristo y vínome a la memoria: “Ahora, Señor, venís niño, y Vos en la cruz. ¿Qué haré de veros siempre así, oh Niño?”. Y en ese momento se le apareció la Virgen con el Niño en sus brazos mostrándomelo desnudo y pequeñito como lo tenía en sus sagradas entrañas y tenía en sus pequeñitos pies señaladas las llagas como llagas con unas gotas de sangre, que parecía le habían caído como señalados los clavos que había de tener”
La conocen como libertadora de Amberes, pues intercedió en dos ocasiones para salvar la ciudad.
En 1624 sufrió una apoplejía, de la que no se terminó de recuperar, a pesar de ello no abandona sus oraciones y el trabajo. Esta enfermedad le duró dos años, durante los cuales recitaba frecuentemente: “adonde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido”.
Tuvo una recaída el 4 de Junio de 1626, y el 7 del mismo mes luego de la extremaunción y de haber comulgado tuvo un éxtasis de unos 15 minutos. Luego de ésto, murió sin tensión ni dolor aparente.
Fue beatificada en 1917 por el Papa Benedicto XV.

