Lectura del Día 05/06/2021
Santoral, ¿Quién es Beato Pacífico Ramati de Cerano?

Pacífico Ramati nació en la ciudad de Novara, en el Piamonte en el año de 1424. Sus padres murieron cuando era muy joven y quedó al cuidado de los benedictinos en la abadía de Novara.
A la edad de 21 años salió de ahí para tomar el hábito en el convento franciscano de la estricta observancia. Desde el inicio se destacó por su amor a la Virgen, su gran devoción la propagaría en su apostolado y le dedicaría capillas.
Después de su ordenación trabajó como predicador en toda Italia entre los años 1452 y 1471. Escribió un tratado de teología moral titulado “Sometta di Pacifica Concienza” que fue publicado en Milán, en 1475.
Durante mucho tiempo éste fue un modelo del género, ya que simplifica las explicaciones y usa un lenguaje claro. En 1480 se le ordenó el traslado a Cerdeña como Visitador e Inspector General para los conventos de la estricta observancia, así como Nuncio Apostólico, encargado por el Papa Sixto II de proclamar una cruzada contra Mahoma II.
Para este tiempo, el Santo sabía ya que no le quedaba mucho tiempo de vida y apenas había comenzado la cruzada cayó gravemente enfermo. Murió en Sassari, el 4 de junio de 1482.
El cadáver fue llevado a Cerano, donde se construyó una iglesia en su honor.
Fue beatificado en el año 1745.
Santoral, ¿Quién es San Francisco Caracciolo?

Nació en la región de los Abruzos, en Vila Santa María (Italia), el 13 de octubre de 1563 con el nombre de Ascanio Caracciolo. Nació en el seno de una familia rica, su madre era pariente de Santo Tomás de Aquino.
A los 22 años, le dio una enfermedad terrible a la piel,semejante a la lepra, y todos creían que sería incurable. Entonces Francisco le hizo a Dios esta promesa: “Si me curas de esta enfermedad, dedicaré mi vida al sacerdocio y al apostolado”. Así, curado de milagro, decidió cumplir con su promesa y empezó a prepararse para el sacerdocio. Se fue a Nápoles, y allá, apenas ordenado sacerdote se unió a un grupo de apostolado que se dedicaba a atender a los presos de las cárceles.
En el año 1588 un gran apóstol llamado Juan Adorno, dispuso fundar una comunidad religiosa que dedicara la mitad del tiempo a la oración y la otra mitad al apostolado. Para esto mandó una carta a un tal Ascanio Caracciolo, pidiéndole consejos acerca de este proyecto y proponiendo su colaboración. Pero, sucedió que los que llevaban la carta se equivocaron de destinatario y en vez de entregarla a Ascanio la entregaron a san Francisco Caracciolo. El, al leerla encontró que esta comunidad era lo que él había deseado por muchos años y junto con Juan Adorno fundaron la nueva congregación luego de 40 días de retiro espiritual en un monasterio de camaldulenses.
La nueva comunidad recibió el nombre de “Clérigos regulares”.
Entre las normas de su reglamento se encontraban:
Cada día alguno de los religiosos hará ayuno (por que Jesús dijo: “Ciertos espíritus malos no se alejan sino con la oración y el ayuno”).
Todo lo religioso pasará cada día al menos una hora en el templo en oración ante el Santísimo Sacramento.
Los religiosos prometerán no aspirar a cargos importantes ni a altos puestos.
El Papa Sixto V aprobó la nueva Congregación, y les fue concedida una casa junto a la famosa Basílica Santa María la Mayor. Pronto empezaron a llegarles muchos jóvenes con la aspiración de pertenecer a la comunidad. Los fervorosos religiosos se dedicaban a predicar misiones por pueblos y veredas y a hacer apostolados en las cárceles y hospitales. Tenían ciertos sitios apartados y solitarios para dedicarse a la oración y a la meditación.
Al morir su compañero a los 40 años, fue nombrado nuestro santo como superior general de la Congregación.
Poseía el don de curaciones. Muchas veces con la señal de la cruz devolvía la salud a los enfermos. Fundó una gran casa religiosa en Nápoles, que pronto se llenó de nuevos religiosos. Fundó también casas en Madrid, Valladolid y Alcalá en España.
En 1607 renunció a todos sus cargos y se dedicó a la oración y a la meditación. En su habitación, en Nápoles lo encontraron varias veces en el suelo, con los brazos en cruz, en éxtasis, orando y mirando al crucifijo absorto.
Las personas lo llamaban “El predicardor del amor de Dios” porque predicaba constantemente la misericordia que Dios tiene con los pecadores. Además era fiel devoto de la Santísima Virgen.
Comenzó a sentirse enfermo el 1 de Junio, esto hizo que le mandara una carta a sus hermanos pidiéndoles que sean fieles a la regla. Luego de comulgar y recibir los sacramentos exclamaba “Vámonos, vámonos”. Uno de los presente le preguntó: – ¿A donde quieres ir Padre Francisco?” y él respondió: “¡Al cielo, al cielo!.
Murió el 4 de junio del año 1608. Tenía apenas 44 años. Su cuerpo, después de muerto despedía suaves fragancias que por tres días llenaron aquel recinto.
Fue canonizado en 1807.
Lectura del Día 04/06/2021
Santoral, ¿Quién es Santos Carlos Lwanga, Jose Mkasa y sus Compañeros?

Los Padres Blancos evangelizaron en África en el siglo XIX. Los primeros conversos instruyeron y guiaron a los más nuevos creciendo la comunidad rápidamente. Inicialmente no había problemas con el rey pero al ver que interfería en su estilo de vida y modo de gobierno comenzaron las represalias.
José Mkasa era el lider de la comunidad católica, quien tenía a su cargo una comunidad de 200 miembros.
El rey mandó a que mataran a José, mientras sus verdugos le amarraban las manos, él les dijo: “Un Cristiano que entrega su vida por Dios no tiene miedo de morir”. Lo quemaron el 15 de Noviembre de 1885.
Los cristianos lejos de atemorizarse, continuaron con sus actividades. Carlos Lwanga, favorito del rey, reemplazó a José como jefe de la comunidad cristiana. Sus oraciones lograron que el rey desistiera de las persecuciones por seis meses.
En mayo del año siguiente, estalló la tempestad. Los cristianos fueron capturados y llamados ante el rey. Este les preguntó si tenían la intención de seguir siendo cristianos, “!Hasta la muerte!”, respondieron ellos al unísono. El rey ordenó que la ejecución se haga en un lugar llamado Namugongo, a 60 kms de distancia. Uno de los jóvenes era el hijo del verdugo. Éste le rogó para que se escapara, pero no fue aceptada su propuesta. A tres de los jóvenes mártires se les quitó la vida cuando iban por el camino; los restantes fueron encerrados por siete días en la prisión de Namugongo, bajo condiciones infrahumanas.
El 3 de junio de 1886, día de la Ascensión, fueron sacados de la prisión; envueltos en unos juncos y, ordenados en fila, se les prendió fuego. Al hijo del verdugo le dieron un golpe en la cabeza para que no sufriera al ser quemado. Murieron proclamando el nombre de Jesús y diciendo: “Pueden quemar nuestros cuerpos pero no pueden dañar nuestras almas”.
Carlos Lwanga (21 años), Andrés Kagwa, y otros veinte jóvenes fueron beatificados el 6 de Junio de 1920 por el Papa Benito XV.
Ésto fue lo que escribió para su beatificación:
“Quién fue el que primero introdujo en Africa la fe cristiana se disputa aún; pero consta que ya antes de la misma edad apostólica floreció allí la religión, y Tertuliano nos describe de tal manera la vida pura que los cristianos africanos llevaban, que conmueve el ánimo de sus lectores. Y en verdad que aquella región a ninguna parecía ceder en varones ilustres y en abundancia de mártires. Entre éstos agrada conmemorar los mártires scilitanos, que en Cartago, siendo procónsul Publio Vigellio Saturnino, derramaron su sangre por Cristo, de las preguntas escritas para el juicio, que hoy felizmente se conservan, se deduce con qué constancia, con qué generosa sencillez de ánimo respondieron al procónsul y profesaron su fe. Justo es también recordar los Potamios, Perpetuas, Felicidades, Ciprianos y “muchos hermanos mártires” que las Actas enumeran de manera general, aparte de los mártires aticenses, conocidos también con el nombre de “masas cándidas”, o porque fueron quemados con cal viva, como narra Aurelio Prudencio en su himno XIII, o por el fulgor de su causa, como parece opinar Agustín. Pero poco después, primero los herejes, después los vándalos, por último los mahometanos, de tal manera devastaron y asolaron el África cristiana que la que tantos ínclitos héroes ofreciera a Cristo, la que se gloriaba de más de trescientas sedes episcopales y había congregado tantos concilios para defender la fe y la disciplina, ella, perdido el sentido cristiano, se viera privada gradualmente de casi toda su humanidad y volviera a la barbarie.”
El 18 de octubre de 1964, el Papa Pablo VI canonizó a los 22 mártires de Uganda.

