Lectura del Día 04/05/2021
Santoral, ¿Quién es Santos Timoteo y Maura, Mártires?

Hoy, día 3 de mayo, se celebra la festividad de dos esposos, Timoteo y Maura (o Mavra), que sufrieron martirio en Antínoe -provincia de la Tebaida, Egipto- en el año 286, en tiempos de Diocleciano.
Pasión de los Santos
Timoteo (en griego, “temeroso de Dios”) era lector de la comunidad cristiana local, es decir, se dedicaba a la lectura, conservación y cuidado de las Sagradas Escrituras, aunque es cierto que otras versiones lo hacen sacerdote.
Era aún joven e hijo de Pigol, un sacerdote de Perapa, conocido por su piedad y su profundo conocimiento del Evangelio. Aún de noche, los trabajadores de la villa se reunían en torno a él para que les leyera las Escrituras. Su familia lo había casado con una muchacha cristiana llamada Maura o Mavra (en latín, “oriunda de Mauritania”, lo que remarca, posiblemente, el origen africano de la Santa), quien era todavía más joven que él, pues sólo tenía 17 años. Pero apenas veinte días después de la boda, la persecución se abatió sobre el joven matrimonio.
Timoteo fue denunciado ante el prefecto de la Tebaida, un tal Ariano, que mandó traerlo ante su tribunal. Una vez allí, lo animó a ofrecer un sacrificio para cumplir con el edicto. Además, Diocleciano había mandado que se confiscaran y quemaran cuantos textos cristianos hallaran, y sabiendo que Timoteo los guardaba celosamente en su casa, le instó además a que revelara su escondite. El lector se negó rotundamente a sacrificar a los dioses y tampoco quiso entregar los libros sagrados, de los cuales él era custodio, pues quería salvaguardarlos de la profanación. “¿No sabes que nadie entrega a sus hijos a la muerte?”, le dijo, “Esos libros, que yo mismo he copiado, son como mis hijos. Cuando los leo, los ángeles del Señor están conmigo”. Molesto por su obstinación, Ariano mandó entregarlo a la tortura para que cediese al sacrificio y a la entrega de los textos sagrados.
El relato de las torturas parece un poco exagerado, de ahí el recelo de los bolandistas. Dice la passio que los verdugos calentaron punzones de hierro hasta el punto de rojo vivo y se los clavaron en el oído, perforando los tímpanos con tanta violencia que le alcanzaron los ojos, de modo que éstos le saltaron de las cuencas y se quedó ciego (!!!). Al verlo sin ojos, los verdugos se burlaban de él y le decían que ofrecía un aspecto lamentable, a lo que él respondió: “Mis ojos corporales, que han visto demasiadas cosas indignas, han sufrido al ser cegados. Pero mi vista interior, los ojos de mi alma, siguen iluminándome”. Al oír esto, Ariano mandó atarle las manos a la espalda, meterle un trozo de madera en la boca -imagino que para hacerlo callar- y colgarlo boca abajo. Para incrementar su sufrimiento, el gobernador mandó colgarle una pesada roca del cuello, y así lo dejaron. Pero al rato, los sufrimientos del joven eran tan evidentes que incluso los verdugos se compadecieron de él y le pidieron a Ariano que tratara de convencerle de otro modo menos cruel. Pensando que así moverían el corazón del gobernador a compasión, le dijeron que se había casado hacía veinte días, y que su esposa era una mujer muy joven y muy bella. Ariano mandó entonces que le trajeran a Maura.
Cuando tuvo delante de sí a la joven esposa, Ariano le mandó acicalarse, peinarse y perfumarse, adornándose con bellos vestidos y joyas, y tratar de convencer a su marido de que obedeciese la ley, tras lo cual serían recompensados con muchas riquezas, pero no le dijo cuál era el motivo del tormento. Ella así lo hizo, creyendo que Timoteo tenía algún tipo de deuda económica, y acudió donde estaba colgado, quien supo de su presencia por el perfume que desprendía. Intentó hablar, pero el madero metido en su boca se lo impedía, así que Maura suplicó que se lo quitasen. Una vez retirado el leño, Timoteo pidió a gritos a su padre, que contemplaba cerca su suplicio, que le tapase la cara con un trozo de tela, porque el aroma que desprendía el cuerpo de Maura le provocaba deseos impuros y no podía soportarlo (!!!). Ofendida por estas palabras, Maura le preguntó por qué le hablaba así, y así supo que la causa del tormento de su marido era su negativa a sacrificar a los dioses y a entregar los textos sagrados. Timoteo la urgió a condenar las intenciones del gobernador y a sufrir por Cristo como él, pero ella estaba asustada y, a causa de su corta edad, temía no poder resistir los tormentos. Su esposo rezó al Señor para que diera fuerzas a la esposa, y después de esto, Maura se sintió en paz y dispuesta a seguir el camino de Timoteo, muriendo por la fe si era necesario.
Dirigiéndose a Ariano, Maura confesó su fe cristiana, que le había sido inculcada desde niña, y rechazó de plano sacrificar a los dioses, diciendo que tampoco le entregaría los textos sagrados que guardaba su marido. El gobernador mandó entonces que fuera torturada: con gran crueldad, le arrancaron la cabellera, con cuero cabelludo y todo. Era ésta una tortura habitual para las mujeres, pues además de producirles un indescriptible dolor, las injuriaba, ya que la cabellera era el principal atributo de belleza y dignidad de las mujeres antiguas. Como Ariano se burlara de ella diciendo que se había quedado calva, Maura le dio las gracias por ello, pues, si al obligarla a peinarse y acicalarse para su marido la había hecho pecar, al arrancarle el cabello, el pecado se había ido con él.
A continuación le cortaron todos los dedos de las manos y los tiraron al suelo y pisotearon en su presencia, pero ella seguía inquebrantable, tanto más cuando Timoteo la animaba desde su posición. De nuevo le dio las gracias a Ariano por ello, quien del mismo modo que la había hecho pecar al hacerla adornar sus dedos con joyas y anillos, al cortárselos, la había purificado de tal pecado. El padre de Timoteo, el sacerdote Pigol, estaba estupefacto al ver la fortaleza de su nuera, y cuando le preguntó cómo podía soportar el dolor de los dedos amputados, ella respondió: “¿No sucede, padre mío, que las viñas se adornan y cultivan podándoles las ramas? Del mismo modo me veo yo adornada y cultivada, y ni siquiera siento el dolor de los dedos cortados”.
Entonces, Ariano ordenó desnudar a Maura y meterla en un caldero de agua hirviendo. Ella dio gracias de nuevo porque el agua la lavaba de todos sus pecados, y afirmaba no sentirse escaldada. Pensando que sus soldados, sintiendo pena por la chica, no habían calentado suficientemente el agua, le dijo a Maura que si el agua no la quemaba; ella afirmó que estaba fría. Entonces le dijo que le salpicara en la mano, y cuando Maura lo hizo, la mano de Ariano se escaldó de tal manera que la piel le saltó, llena de ampollas.
Durante un momento fue presa del pánico y, temiendo la ira del Dios cristiano, mandó que liberaran a Maura, pero aún no había abandonado ella el lugar del tormento, cuando cambió de parecer y amenazó con llenarle la boca de brasas ardiente, ante lo cual, Maura no mostró temor alguno.
Entonces mandó traer un brasero lleno de brea y azufre para asar a la mártir en él. Cuando desnudaron a la joven y se dispusieron a meterla en el brasero, la multitud empezó a gritar furiosa: “¡Qué crueldad! ¡Cómo abusa ese tirano de esta inocente mujer!” Ariano pareció dudar ante esta acusación, pero de inmediato Maura se giró hacia los que clamaban su salvación y les dijo: “Que nadie me defienda, que cada uno se preocupe sólo por sí mismo. Yo sólo tengo un defensor: Dios, en quien creo.” El gobernador mandó entonces colocarla sobre el brasero, pero ella, mirando hacia las llamas, le recordó que el caldero no le había hecho el menor daño, y que cualquier tortura que inventase para ella sería inútil. Dándose cuenta de que no hacía más que perder el tiempo, Ariano decidió zanjar el asunto y ordenó que ambos esposos, Timoteo y Maura, fueran crucificados y sus cruces colocadas una frente a otra. Mientras eran llevados al lugar de ejecución, la madre de Maura apareció y se arrojó en brazos de su hija, suplicándole que tuviese piedad de ella y que no se entregase a la muerte de esa manera. Pero Maura se desprendió del abrazo de su madre, recriminándole que quisiese impedirle ir a gozar de la misma muerte que su Señor Jesucristo.
En fin, los soldados crucificaron a los dos esposos cara a cara, como se ha dicho, después que ellos besaran con gratitud los maderos en los que iban a ser clavados. Así, crucificados, permanecieron durante nueve días, animándose uno al otro a perseverar hasta la muerte. Timoteo animaba a su esposa durante el día, hasta caer la noche, y Maura lo animaba a él toda la noche, hasta la llegada del amanecer. Hacían esto para no desfallecer ni dormirse, para que el Señor no los encontrase adormecidos en el momento de su triunfo, aunque tuvieron algunos éxtasis y visiones estando clavados en la cruz, en los que veían a los ángeles rodeando el trono del Señor, que se narraban para confortarse mutuamente. El décimo día, murieron por fin, después de que Maura, gritando en voz alta, se dirigiese a la multitud que los contemplaba morir y los instaba a servir al Señor y mantenerse firmes en la fe.
Entre la realidad y la ficción
Es de entender, viendo la passio, que los bolandistas no la consideraran creíble, por estar adornada en exceso con diálogos floridos y disertaciones teológicas propias de autores tardoantiguos y medievales, más que de una comunidad de sencillos cristianos egipcios. Por otra parte, sólo una de las torturas aplicadas a cada uno de los esposos habría bastado para matarles. Verlos salir incólumes tormento tras tormento es otro recurso fantástico y edificante de muchas otras actas martiriales, y algunos episodios, como el del caldero, están copiados de otros textos y se han copiado a otros textos.
En cambio, la posibilidad de que un lector egipcio y su joven esposa fuesen torturados y crucificados por no querer entregar los textos sagrados que los edictos habían mandado confiscar y quemar, no sólo es perfectamente creíble, sino que tiene rigor histórico y es coherente en el contexto que estamos tratando. Por lo cual, no me parecería serio dudar de la existencia de estos mártires, ni tampoco de la naturaleza de su martirio. Es la passio lo que tiene poca credibilidad histórica, no ellos mismos, ni las causas de su martirio; por lo que si se eliminan los detalles fantasiosos de la passio (la palabrería, los tormentos que no hacen daño, la prolongada agonía en las cruces, etc.) el relato que nos queda tiene todo sentido y toda coherencia.
El relato finaliza afirmando que más tarde, Ariano se convirtió a la fe cristiana y fue martirizado, según narran las actas de los mártires Filemón y Apolonio. Otro detalle propio de las passio legendarias, en las que el torturador acaba siendo convertido y martirizado.
Culto de los mártires
Los Santos tuvieron una importante y rápida conmemoración, especialmente en Constantinopla, donde tenían una iglesia dedicada, cerca de uno de los palacios de Justiniano. De ello se desprende que sus reliquias, o quizá una parte de ellas, eran veneradas en esta iglesia, aunque actualmente no hay rastro de estas presuntas reliquias. Su festividad, como decía, se celebra el 3 de mayo, aunque en el calendario copto se ha trasladado al 16 de mayo. Como suele suceder en muchos otros casos, en el mundo cristiano occidental los mártires Timoteo y Maura van siendo cada vez más desconocidos, mientras que en la Iglesia Ortodoxa siguen siendo muy venerados.
Prueba de ello es que el 3 de mayo 1803 se documentó un milagro atribuido a estos Santos en la isla de Corfú. El hieromonje Masellos de Platytera estaba leyendo el Oficio en honor a estos dos Santos cuando, de repente, tuvo el súbito presentimiento de que algo terrible estaba ocurriendo cerca del monasterio. Corrió a las puertas del mismo y se encontró con que un caballo desbocado corría por el camino, arrastrando a su jinete por el suelo, quien se había enganchado con la pierna en uno de los estribos. Invocado a los Santos Timoteo y Maura, Masellos se atrevió a cortar el paso al furioso caballo y logró calmarlo y desenganchar al herido jinete, que no era otro que Ioannis Kapodistrias, diplomático griego del Imperio Ruso y, más tarde, líder de la independente Grecia. Cuando Kapodistrias se recuperó de sus heridas, atribuyó su salvación a la intercesión de los mártires Timoteo y Maura, a los que tomó como patronos e hizo espléndidas donaciones al monasterio, tomando también a Masellos como director espiritual. Más tarde, él mismo, junto con algunos de sus parientes, se hizo enterrar en el monasterio de Platytera. Este milagro llegó a ser muy conocido en toda Corfú, hasta el punto de que se hicieron pintar tres iconos representando el milagro, dos de ellos en el mismo monasterio de Platytera, y el tercero en el monasterio de la Santísima Madre de Dios de Aixoni de Glyfada.
Curiosamente, cuando no son venerados juntos, es la esposa, Maura, la que recibe una mayor veneración por sí sola, probablemente porque, según la passio, sufrió más torturas que su marido. Citaré dos ejemplos. En la isla de Zakynthos se sigue venerando un antiguo icono de Santa Maura, de origen griego, con revestimento de plata, que está considerado milagroso.
También hay una gran cantidad de milagros y apariciones documentadas sobre Santa Maura -ella sola, sin Timoteo- donde realizó curaciones y salvó personas, identificándose sin tapujos (“Soy Santa Maura” “Me llamo Maura, y procedo de Heliópolis”).
Santoral, ¿Quién es Santos Felipe y Santiago, Apóstoles?

San Felipe era originario de Betsaida de Galilea. San Juan habla de él varias veces en el Evangelio. Narra que el Señor Jesús llamó a Felipe al día siguiente de las vocaciones de San Pedro y San Andrés. De los Evangelios se deduce que el Santo respondió al llamado del Señor .
Escritores de la Iglesia primitiva y Eusebio, historiador de la Iglesia, afirman que San Felipe predicó el Evangelio en Frigia y murió en Hierápolis. Papías, obispo de este lugar, supo por las hijas del apóstol, que a Felipe se le atribuía el milagro de la resurrección de un muerto.
A Santiago se le llama “el Menor” para diferenciarlo del otro apóstol, Santiago el Mayor (que fue martirizado poco después de la muerte de Cristo).
El evangelio dice que era de Caná de Galilea, que su padre se llamaba Alfeo y que era familiar de Nuestro Señor. Es llamado “el hermano de Jesús”, no porque fuera hijo de la Virgen María, la cual no tuvo sino un solo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, sino porque en la Biblia se le llaman “hermanos” a los que provienen de un mismo abuelo: a los primos, tíos y sobrinos (y probablemente Santiago era “primo” de Jesús, hijo de alguna hermana de la Sma. Virgen). En la S. Biblia se lee que Abraham llamaba “hermano” a Lot, pero Lot era sobrino de Abraham. Y se le lee también que Jacob llamaba “hermano” a Laban, pero Laban era tío de Jacob. Así que el decir que alguno era “hermano” de Jesús no significa que María tuvo más hijos, sino que estos llamados “hermanos”, eran simplemente familiares: primos, etc.
San Pablo afirma que una de las apariciones de Jesús Resucitado fue a Santiago. Y el libro de Los Hechos de los Apóstoles narra cómo en la Iglesia de Jerusalén era sumamente estimado este apóstol. (Lo llamaban “el obispo de Jerusalén”). San Pablo cuenta que él, la primera vez que subió a Jerusalén después de su conversión, fue a visitar a San Pedro y no vio a ninguno de los otros apóstoles, sino solamente a Santiago. Cuando San Pedro fue liberado por un ángel de la prisión, corrió hacia la casa donde se hospedaban los discípulos y les dejó el encargo de “comunicar a Santiago y a los demás”, que había sido liberado y que se iba a otra ciudad (Hech. 12,17). Y el Libro Santo refiere que la última vez que San Pablo fue a Jerusalén, se dirigió antes que todo “a visitar a Santiago, y allí en casa de él se reunieron todos los jefes de la Iglesia de Jerusalén” (Hech. 21,15). San Pablo en la carta que escribió a los Gálatas afirma: “Santiago es, junto con Juan y Pedro, una de las columnas principales de la Iglesia”. (Por todo esto se deduce que era muy venerado entre los cristianos).
Cuando los apóstoles se reunieron en Jerusalén para el primer Concilio o reunión de todos los jefes de la Iglesia, fue este apóstol Santiago el que redactó la carta que dirigieron a todos los cristianos (Hechos 15).
Hegesipo, historiador del siglo II dice: “Santiago era llamado ‘El Santo’. La gente estaba segura de que nunca había cometido un pecado grave. Jamás comía carne, ni tomaba licores. Pasaba tanto tiempo arrodillado rezando en el templo, que al fin se le hicieron callos en las rodillas. Rezaba muchas horas adorando a Dios y pidiendo perdón al Señor por los pecados del pueblo. La gente lo llamaba: ‘El que intercede por el pueblo’”. Muchísimos judíos creyeron en Jesús, movidos por las palabras y el buen ejemplo de Santiago. Por eso el Sumo Sacerdote Anás II y los jefes de los judíos, un día de gran fiesta y de mucha concurrencia le dijeron: “Te rogamos que ya que el pueblo siente por ti grande admiración, te presentes ante la multitud y les digas que Jesús no es el Mesías o Redentor”. Y Santiago se presentó ante el gentío y les dijo: “Jesús es el enviado de Dios para salvación de los que quieran salvarse. Y lo veremos un día sobre las nubes, sentado a la derecha de Dios”. Al oír esto, los jefes de los sacerdotes se llenaron de ira y decían: “Si este hombre sigue hablando, todos los judíos se van a hacer seguidores de Jesús”. Y lo llevaron a la parte más alta del templo y desde allá lo echaron hacia el precipicio. Santiago no murió de golpe sino que rezaba de rodillas diciendo: “Padre Dios, te ruego que los perdones porque no saben lo que hacen”.
El historiador judío, Flavio Josefo, dice que a Jerusalén le llegaron grandes castigos de Dios, por haber asesinado a Santiago que era considerado el hombre más santo de su tiempo.
Este apóstol redactó uno de los escritos más agradables y provechosos de la S. Biblia. La que se llama “Carta de Santiago”. Es un mensaje hermoso y sumamente práctico. Ojalá ninguno de nosotros deje de leerla. Se encuentra al final de la Biblia. Allí dice frases tan importantes como estas: “Si alguien se imagina ser persona religiosa y no domina su lengua, se equivoca y su religión es vana”. “Oh ricos: si no comparten con el pobre sus riquezas, prepárense a grandes castigos del cielo”. “Si alguno está triste, que rece. Si alguno se enferma, que llamen a los presbíteros y lo unjan con aceite santo, y esa oración le aprovechará mucho al enfermo” (de aquí sacó la Iglesia la costumbre de hacer la Unción de los enfermos). La frase más famosa de la Carta de Santiago es esta: “La fe sin obras, está muerta”.
Lectura del Día 03/05/2021
5º DOMINGO DE PASCUA
5º DOMINGO DE PASCUA
PRIMERA LECTURA
Él les contó cómo había visto al Señor en el camino
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 26-31
En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera discípulo.
Entonces Bernabé, tomándolo consigo, lo presentó a los apóstoles y él les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había actuado valientemente en el nombre de Jesús.
Saulo se quedó con ellos y se movía con libertad en Jerusalén, actuando valientemente en el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los helenistas, que se propusieron matarlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.
La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba construyendo y progresaba en el temor del Señor, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo.
Salmo responsorial
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea
Salmo 21, 26b-27. 28 y 30. 31-32
Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan.
¡Viva su corazón por siempre!
Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán los que duermen en la tierra,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo.
Me hará vivir para él,
mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor.
SEGUNDA LECTURA
Este es su mandamiento: que creamos y que amemos
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3,18-24
Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.
En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón ante él, en caso de que nos condene nuestro corazón, pues Dios es mayor que nuestro corazón y lo conoce todo.
Queridos, si el corazón no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
EVANGELIO
El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante
Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

