Lectura del Día 27/03/2021
Santoral, ¿Quién es San Cástulo, Mártir?

Durante el reinado de Diocleciano, el Papa San Cayo estuvo grandemente preocupado por la seguridad de los cristianos en Roma.
Cástulo, un celoso cristiano que era camarero del emperador, se ofreció; a arreglar todo lo necesario para que se tuvieran servicios religiosos en el mismo palacio del emperador, ya que este lugar no se prestaba para investigación alguna; y aún más, Cástulo albergó; a los cristianos en su propia casa, adjunta al palacio y les procuró; un lugar para sus reuniones. No contento con servir así; a la Iglesia, él y su amigo Tiburcio recorrieron Roma convirtiendo hombres y mujeres al cristianismo y llevándoles ante el Papa para que fueran bautizados. Posteriormente fue traicionado por un apóstata cristiano llamado Torcuato. Llevado ante Fabiano, prefecto de la ciudad, fue cruelmente atormentado y después arrojado a un foso cubierto con arena.
Santoral, ¿Quién es San Ludgero?

San Ludgero, primer obispo de Münster, nació hacia el 745 en Suescnon, Frisia.Hijo de Thiadgrim y Liafburg, quienes eran unos ricos frisios de descendencia noble. Fue un misionero de frisios y sajones, fundador de la abadía de Werden y el primer obispo de Münster en Westfalia.
En 753 vio a San Bonifacio, el que le causó una profunda impresión. Fue enviado a la escuela de la Catedral de Utrecht en el año 756. En medio de la creciente tensión entre anglosajones y frisios regresó a casa en el año 772. Después de la ordenación sacerdotal, que recibió en Colonia en 777, Ludgero se dedicó a la evangelización de la región pagana de Frisia, en donde san Bonifacio había sufrido el martirio.
Escapó junto a un grupo de misioneros en 784, ya que en esas épocas estaban quemando iglesias y alabando a dioses paganos. Un año después visita Roma, donde fue recibido por el Papa Adrián I, quien le dió la bendición. Fue enviado como misionero a diferentes distritos del río Lauwers, allí destruyó los restos del paganismo.Ludgero construyó un monasterio, que luego tomaría el nombre de Münster. Construyó una capilla en honor a la Virgen María y varias iglesias. Construyó una casa para su hermana San Gerbugis, quien se había consagrado a Dios. Varias mujeres se unieron a ella y luego formarían el primer monasterio en Westfalia.El 30 de marzo de 805, a petición de Carlomagno, Ludgero recibió la consagración episcopal.
Destinaba todo el dinero que recibía para la ornamentación de sus iglesias en limosna, y es por ello que era criticado.
Murió la noche del Domingo de pasión de 809 en compañía de sus seguidores.
Lectura del Día 26/03/2021
Santoral, ¿Quién es San Dimas?

Sólo poseemos noticias ciertas acerca de su muerte y de su solemne canonización -por parte del mismo Jesucristo-, no repetida en la historia de la Santidad. – Fiesta: 25 de marzo.
“Y con Él crucificaron dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda de Él. Y fue cumplida la Escritura que dice: Y fue contado entre los inicuos.
“Uno de los malhechores le insultaba diciendo: ¿No eres Tú el Mesías? Sálvate a Ti mismo y a nosotros.
“Mas el otro, respondiendo, le reconvenía diciendo: ¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros, la verdad, lo estamos justamente, pues recibimos el justo pago de lo que hicimos; mas Éste nada ha hecho; y decía a Jesús Acuérdate de mí cuando vinieres en la gloria de tu realeza.
“Díjole: En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Marcos 17, 27s. y Lucas 23, 39-43).
Como hemos indicado al principio, nada más sabemos de San Dimas con certeza histórica, pues son unas actas, aunque muy antiguas, apócrifas las que iniciaron la leyenda sobre el mismo, que todos hemos oído relatar alguna vez.
La Sagrada Familia, según nos narra la Biblia, se vio obligada a huir a Egipto, debido al peligro que corría la vida de Jesús, por la persecución de los niños menores de dos años que Herodes el Grande había decretado.
En cierta ocasión en que los soldados del rey -y empieza aquí la narración apócrifa- estaban sobre la pista de la Familia Santa, y cuando ya les andaban muy cerca, José y María encontraron una casa en la que fácilmente se podrían esconder, si les dejaban entrar.
Esta casa era la que habitaba Dimas con los suyos. José les pide que los escondan, pues los soldados del rey con sus caballos, mucho más veloces que el sencillo borrico que montan, ya casi les dan alcance. Pero los habitantes de aquella casa se niegan a ello.
En este momento sale el joven Dimas, que seguramente por su carácter y decisión gozaba entre sus camaradas de gran autoridad, y dispone que se queden y les esconde en un lugar tan oculto que la policía romana no consigue descubrirlos, ni puede detenerlos. Jesús promete a Dimas, agradecido, que su acto no quedará sin recompensa, y le anuncia que volverán a verse en otra ocasión y aún en peores condiciones, y entonces será Él, Cristo, quien ayudará a su benigno protector.
De este modo terminan su narración las actas apócrifas. Explicación suficiente, sin embargo, para observar en ella una diferencia total entre las leyendas atribuidas a Jesús, y la sobriedad evangélica, aun en los momentos más sublimes en que para confirmar su doctrina, Jesucristo obra algunos de sus milagros. Por esta razón nos ceñiremos a continuación al relato evangélico, Palabra Viva, que nos conduce a importantes enseñanzas.
¿A qué fue debida la conversión de Dimas, un ladrón, un malhechor, que seguramente en toda su vida no había visto a Jesús, aunque hubiera oído hablar de Él, como de alguien grande, misteriosamente poderoso y enigmático para muchos?
Porque en la cruz, Dimas se nos presenta ya convertido, como creyente en la divinidad de Cristo: “¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio?”.
Un autor moderno atribuye la conversión de Dimas a la mirada de Jesucristo, la mirada clara de Cristo; en su cara abofeteada, escupida y demacrada, la mirada que había obrado tantos prodigios y que convertía al que se adentraba en ella con corazón limpio, en seguidor y discípulo…
Y el corazón de Dimas debía ser limpio, a pesar de todos sus delitos. Inclinado al robo quizá por circunstancias externas, circunstancias tal vez de tipo social, había sabido conservar, empero, cierto cariño a los que le rodeaban, y un respeto sincero a sus padres y a las vidas de los demás.
Y Dios, por la Sangre de su Hijo que estaba a punto de derramarse, le premiaba lo bueno que había hecho y le perdonaba lo malo. Y en su Amor insondable -Dios es Amor- le había concedido las gracias suficientes y necesarias para aquel acto profundo de fe.
Y a continuación el gran acto de sometimiento a la Voluntad de Dios y a la justicia de los hombres: “Nosotros, la verdad, lo estamos justamente, pues recibimos el justo pago de lo que hicimos”; y después, en aquellos momentos solemnes, alrededor de los cuales gira toda la Historia, quiera el hombre reconocerlo o no, la petición confiada, anhelante a su Dios, que por él, con él y también por nosotros moría en una cruz: “Acuérdate de mí, cuando vinieres en la gloria de tu realeza”.
Y de labios del mismo Cristo oye Dimas las palabras santificadoras: “En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.
He aquí un Santo original: hasta poco antes de morir, un ladrón, un malhechor, de familia seguramente innoble, sin ningún milagro en su haber, que puede ser, para nosotros, un magnífico tema de profunda meditación.

