Santoral, ¿Quién es San Vicente de Zaragoza, Mártir?

san vicente

San Vicente es uno de los tres grandes diáconos que dieron su vida por Cristo. Junto con Lorenzo y Esteban Corona, Laurel y Victoria forma el más insigne triunvirato. Este mártir celebrado por toda la Cristiandad, encontró su panegirista en San Agustín, San León Magno y San Ambrosio.
Vicente descendía de una familia consular de Huesca, y su madre, según algunos, era hermana del mártir San Lorenzo. Estudió la carrera eclesiástica en Zaragoza, al lado del obispo Valero, quien por su falta de facilidad de expresión, lo nombró primer díacono para suplirle en la sagrada cátedra.
Paralelamente, el emperador Dioclesiano había decratado una de las más crueles persecusiones contra la Iglesia, y que fue aplicado por Daciano en España. Las cárceles, que estaban reservadas antes para los delincuentes comunes, pronto se llenaron de obispos, presbíteros y diáconos. Al pasar Daciano por Barcelona, sacrifica a San Cucufate y a la niña Santa Eulalia. Cuando llega a Zaragoza, manda detener al obispo y a su diácono, Valero y Vicente, y trasladarlos a Valencia. Allí se celebró el primer interrogatorio. Vicente responde por los dos, intrépido y con palabra ardiente. Daciano se irrita, manda al destierro a Valero, y Vicente es sometido a la tortura del potro. Su cuerpo es desgarrado con uñas metálicas. Mientras lo torturaban, el juez intimaba al mártir a la abjuración. Vicente rechazaba indignado tales ofrecimientos. Daciano, desconcertado y humillado ante aquella actitud, le ofrece el perdón si le entrega los libros sagrados. Pero la valentía del mártir es inexpugnable. Exasperado de nuevo el Prefecto, mandó aplicarle el supremo tormento, colocarlo sobre un lecho de hierro incandescente. Nada puede quebrantar la fortaleza del mártir que, recordando a su paisano San Lorenzo, sufre el tormento sin quejarse y bromeando entre las llamas. Lo arrojan entonces a un calabozo siniestro, oscuro y fétido “un lugar más negro que las mismas tinieblas”, dice Prudencio. Luego presenta el poeta un coro de ángeles que vienen a consolar al mártir. Iluminan el antro horrible, cubren el suelo de flores, y alegran las tinieblas con sus armonías. Hasta el carcelero, conmovido, se convierte y confiesa a Cristo. Daciano manda curar al mártir para someterlo de nuevo a los tormentos. Los cristianos se aprestan a curarlo. Pero apenas colocado en mullido lecho, queda defraudado el tirano pues el espíritu vencedor de Vicente vuela al paraíso. Era el mes de enero del 304.
Ordena Daciano mutilar el cuerpo y arrojarlo al mar. Pero más piadosas las olas, lo devuelven a tierra para proclamar ante el mundo el triunfo de Vicente el Invicto. Su culto se extendió mucho por toda la cristiandad.

Santoral, ¿Quién es Nuestra Señora de Altagracia?

nuestra señora de altagracia

Es difícil para nuestros hermanos de otros países entender la importancia de Nuestra Señora de Altagracia para los dominicanos. Sin embargo, no hay que sobreabundar con detalles sobre la presencia del culto a la Virgen de Altagracia en la República Dominicana. Sencillamente, sería insólito encontrar una iglesia a lo largo y ancho del territorio nacional que no ostente su imagen.

Además, casi no existe una parroquia que no tenga una capilla que se llama “Nuestra Señora de Altagracia”; casi no existe un pueblo que no tenga una calle que se llama “Altagracia”; y casi no existe una familia que no tenga al menos un testimonio de la intercesión de Nuestra Señora de Altagracia.

Así que, nos limitamos a un resumen cuantitativo:

El nombre “Altagracia” en la población dominicana

El 19 de septiembre de 2001 la base de datos de la “Junta Central Electoral” nos informó que una de cada 13 mujeres dominicanas se llama “Altagracia”.

El número de peregrinos que visitan la Basílica

Según la “Secretaría de Estado de Turismo” en 1998, unos 350,000 turistas visitan a la Basílica cada año. Además unos 800,000 peregrinos – es decir el equivalente a 10% de la población del país – pasan por la Basílica de Higüey cada año.

Es probable que unos 300,000 peregrinos acudieran a la Basílica solamente durante la novena de enero del año 2006.

El Cuadro

El cuadro de Nuestra Señora de la Altagracia fue pintado probablemente en Sevilla en los primeros quince años del siglo XVI (es decir entre 1500 y 1515), y es posiblemente de la escuela de Alejo Fernández.

Ha tenido cinco restauraciones de importancia, la última en 1978.

Es un lienzo español tipo “Belén”, con influencia flamenca, típico de los siglos XV y XVI, con un elemento distinto y único: el rayo de luz.

La “Maternidad Divina”

Es una expresión plástica, del dogma de la “Maternidad Divina”. María es la Madre de Dios. De allí el título de “Altagracia”, porque la gracia más alta jamás otorgada a un ser humano es la de ser la Madre de Dios.

A la vez es una explicación del dogma de la “Virginidad Perpetua”. María es virgen antes, durante y después de dar a luz a Jesús. Un autor del siglo Vl explica: “Como un rayo de luz traspasa un cristal sin dañarlo de manera alguna, igual un rayo de luz más blanco que la nieve traspasa la Virgen para dar a luz a Jesús, Dios en medio de nosotros”.

Así que, el cuadro nos hace testigos oculares del momento del nacimiento. Lo que parece un delantal es el “rayo de luz más blanco que la nieve”. El Mesías traspasa, sin dañar de manera alguna a la Altagracia quien, recogida y arrodillada, está contemplando tiernamente al Hijo de Dios.

Con un gesto de la cabeza nos invita a arrodillarnos también en frente del pesebre, y juntos adorar al niño Jesús.

La adoración nos lleva a la contemplación, y la contemplación al deseo de estar presentes en la cueva, inmóviles como la Madre, velando al niño, amando al amor y estando en la presencia de Dios.

Es un ícono

El cuadro es también un ícono. No hay un elemento, un color ni una relación que no tenga su significado. Efectivamente hay 62 distintos símbolos en el cuadro. Se puede meditar sobre los siguientes:

La Estrella de Belén (es la Navidad) tiene ocho puntas (símbolo del cielo) con dos rayos extendiéndose hacia el pesebre: Dios Padre está bendiciendo a su Hijo.

Por encima de la Virgen hay doce estrellas (son las tribus de Israel y, a la vez, los apóstoles de Jesús). María es el puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Alrededor de María hay un resplandor (cf. Apocalipsis 12, 1). Ella lleva una corona por ser la Reina del Cielo, y un velo sobre la cabeza porque está casada. Está vestida de rojo, porque es un ser humano, y cubierta de blanco por ser sin pecado concebida. Lleva un manto azul celestial salpicado con estrellas porque “el poder del Altísimo vendrá sobre ti”.

San José está vestido al revés. Tiene el azul de su santidad escondido bajo un manto rojo por ser de este mundo, y lleva una vela para dar luz a su esposa, y a las necesidades materiales de las cuales es patrono.

El niño Jesús está durmiendo (y está muerto) pero despertará (y resucitará), sobre un pesebre que es, a la vez, un altar (y su sepulcro).

Atrás hay una columna, señal de que estamos en un templo. La cueva es un templo porque allí habita Dios mismo: el niño Jesús.

Las hendiduras en el techo, arriba a la izquierda, nos dicen que el mundo está decayendo, pero Jesús ha venido para restaurarlo.

Encima de todo, es milagrosa

A pesar de todo lo dicho, la Altagracia es importante para el pueblo dominicano porque es milagrosa. Desde hace 500 años Nuestra Señora de la Altagracia está intercediendo ante su Hijo Jesús para que intervenga en nuestra vida cotidiana.

En la actualidad, casi no existe una familia dominicana en donde no se encuentre un testimonio de la intercesión de “Tatica”, Nuestra Señora de la Altagracia.

El primer documento que tenemos que habla de la Altagracia, en 1569, menciona tres milagros. Y desde entonces han sido incontables.

Se celebró una misa el 21 de enero de 1692, para dar gracias a la Altagracia por haber protegido a los voluntarios de Higüey y El Seibo quienes, un año antes, habían participado en la batalla feroz y sangrienta de “La Limonade”. Todos volvieron a casa sanos y salvos sin rasguño alguno. ¡Era un milagro patente! Desde entonces se ha celebrado la fiesta de Nuestra Señora de la Altagracia en el aniversario de este milagro.

Hoy día hay al menos una religiosa “de servicio” en la basílica diariamente para recibir las promesas y anotar los milagros otorgados por la intercesión de la Altagracia.

La Historia Oral

Hay una leyenda que tiene su origen -casi seguro- en hechos verídicos, de un hacendado de Higüey con dos hijas. A la vuelta de un viaje a Santo Domingo, pasando la noche en una posada, compartió su desilusión porque, aunque había encontrado las cintas y botones que le había pedido la hija mayor, no hallaba ni una estampita de la “Altagracia” que su hija menor quería tanto. Con eso, apareció un anciano con un lienzo de la Virgen: “¡Es eso lo que está buscando!” Luego el anciano desapareció.

El hacendado llevó el cuadro a su casa, y lo colgó en la sala principal. Al día siguiente el lienzo no aparecía. Se lo encontró de nuevo en la copa de un naranjo. En los próximos días se repitió la desaparición una y otra vez.

El “Antiguo Santuario” está construido donde se ubicó el naranjo.

La Historia Escrito

A la vez, hay un historiador, Gerónimo Alcocer, quien escribió (en 1650) que los hermanos Alfonso y Antonio Trejo – hidalgos de Plasencia, España – trajeron el cuadro. Los investigadores pueden demostrar que los hermanos vivieron en Higüey, desde 1508. Hay siete u ocho documentos que lo confirman, pero en España no hay ni la más mínima pista de su existencia: es un misterio.

El Misterio

Al fin y al cabo, después de seguir cada pista hasta un “callejón sin salida”, hay que decir que casi todo lo que se refiere al cuadro de la Altagracia es un misterio.

¿Quién lo pintó? ¿Cómo llegó a Higüey? ¿Por qué Dios quiso que estuviera en Higüey? ¿Por qué es milagroso? Sólo Dios sabe.

A nosotros nos queda arrodillarnos humildemente y adorar a nuestro Señor y Salvador, junto con Nuestra Señora de la Altagracia, Protectora de los dominicanos.

Reflexión

Hay miles de peregrinos que visitan la Basílica de la Altagracia en Higüey cada año. Vienen con todo tipo de ideas. Algunos tienen la fe para mover montañas. Otros no entienden demasiado. Pero todos tienen tanta fe que han tomado la decisión de viajar, gastando dinero y tiempo, para visitar a la Virgen.

¿Por qué es tan popular esta “Protectora del Pueblo Dominicano”? La respuesta es muy sencilla: Porque es “milagrosa”. ¿Y por qué es “milagrosa?” La segunda respuesta necesita algo más de tiempo:

Todo milagro es la respuesta de Dios a la fe. Jesús nos dice: «Y todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis» (Mateo 21, 22). Dios es amor. Jamás se ha metido donde no haya sido invitado. Sin embargo, él quiere ayudarnos, y solamente hace falta que le pidamos “con fe en la oración” para que intervenga en las formas más inverosímiles y asombrosas. Él sabe que los más genuinos en su pueblo son muchas veces los más sencillos, así que está contento de simplificar las cosas, permitiendo que una imagen enfoque su fe. Claro está: el buen católico adora solamente a Dios y reserva su veneración para los santos representados en las imágenes.

Sería un error si sólo nos quedamos asombrados frente a los milagros, con la boca abierta y la mente corriendo tras explicaciones fáciles. Es cierto que los milagros son insólitos y llamativos, pero a Dios no le gusta el “figureo”. Cada vez que él interviene en la vida de alguien es porque quiere atraerlo hacia él. Dios no quiere perder a ninguno de nosotros. Por eso nos llama la atención para que nos paremos en el camino y consideremos la vida y nuestro lugar en ella. Su deseo es que -por nuestra propia voluntad- tomemos la decisión de enmendar nuestras vidas, y buscar a Dios.

Efectivamente, jamás he oído de un milagro conseguido por intercesión de la Virgen de la Altagracia que no trajera -como consecuencia- la conversión de la persona (o alguien cercano a la persona) que la recibió.

Volvamos a contemplar el cuadro de Nuestra Señora de la Altagracia:

Lo que nos llama la atención a primera vista es la figura central de María. Sin embargo, al acercarse más, es evidente que el gesto de su cabeza nos llama a prestar más atención todavía al que está en el primer plano: Jesús.

Este gesto -lleno de ternura- nos hace recordar que, a pesar del papel principal dado a María en esta obra, la Iglesia existe para evangelizar, es decir, proclamar la Buena Nueva: ¡Hay salvación en el nombre de Jesús! Al final, todos nuestros esfuerzos tienen que tender hacia Jesús, hacia el Amor.

Los que hemos sido atraídos por las dulces redes de la Madre de Dios tenemos el privilegio y el deber de llevar nuestros prójimos “a Jesús por María”: a través de la Madre hacia el Hijo.

Santoral, ¿Quién es Santa Inés, Virgen y Mártir?

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San Ambrosio en una de sus homilías habló de Santa Inés como un personaje muy conocido de las gentes de aquel tiempo. Recuerda que su nombre viene de Agnus, y significa “pura”.

Considerada en la Iglesia como patrona de la pureza, es una de las más populares santas cristianas, y su nombre está incluido en el canon de la misa. Debido a sus riquezas y hermosura, la santa –a la edad de trece años- fue pretendida por varios jóvenes de las principales familias romanas; sin embargo, la joven había consagrado su virginidad al Señor Jesús.
Ante esta negativa, sus pretendientes la denunciaron como cristiana al gobernador, quien utilizó halagos y amenazas para persuadirla, pero todo fue en vano, pues Inés se mantuvo firme en su decisión. Al ver esto, el gobernador la envió a una casa de prostitución, donde acudieron muchos jóvenes licenciosos pero que no se atrevieron a acercársele, pues se llenaron de terror y espanto al ser observados por la santa. El gobernador enfurecido la condenó a ser decapitada. El cuerpo de la santa fue sepultado a corta distancia de Roma, junto a la Vía Nomentana.

Santa Inés fue una virgen mártir romana de tan sólo 12 años de edad. Murió durante las persecuciones infligida por el emperador Diocleciano, entre los años 303 y 305 d.C.

Inés provenía de una de las familias más importantes de Roma, perteneciente a la Gens Clodia, pero a ella no le importaba la vida de nobleza, era una jovencita que quería vivir enteramente para Jesús, sirviendo a los pobres.

La pequeña Inés extraía su fuerza y su coraje de la Eucaristía, que los cristianos celebraban al ponerse el sol reuniéndose secretamente en alguna casa, las llamadas “domus ecclesiae”, para la fracción del pan.

Por su notable belleza no le faltaban pretendientes que quisieran tomarla por esposa, pero ella había hecho voto de castidad, ofreciéndose de “esposa” a su amado Jesús.

Entre los que pidieron por esposa a la virgen se encontraba el hijo del prefecto de la ciudad de Roma. Ante el rechazo a su hijo, el prefecto la hizo encerrar en un prostíbulo.

Allí, ningún cliente se atrevió a tocarla, a excepción de un hombre que según la tradición religiosa al intentarlo quedó cegado por un ángel blanco, y que a través de la intercesión de la misma Inés recobró la vista.

Ante todo esto, fue condenada a morir desnuda en la hoguera, pero las llamas se dividieron bajo su cuerpo sin siquiera tocarlo, y su cabello creció tanto como para cubrir su desnudez.

Fue entonces que después de este milagro fue apuñalada en la garganta como a un “cordero”.

Sus padres rescataron el cuerpo y le dieron sepultura en un pequeño espacio en la Vía Nomentana.

Patronazgo

Santa Inés es la patrona de las jovencitas, las vírgenes, las novias.

 

Lectura del Día 21/01/2021

 

Lectura del Día

De la Carta a los Hebreos 7, 23–8, 6

Hermanos: Durante la antigua alianza hubo muchos sacerdotes, porque la muerte les impedía permanecer en su oficio. En cambio, Jesucristo tiene un sacerdocio eterno, porque él permanece para siempre. De ahí que sea capaz de salvar, para siempre, a los que por su medio se acercan a Dios, ya que vive eternamente para interceder por nosotros.

Ciertamente que un sumo sacerdote como éste era el que nos convenía: santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos; que no necesita, como los demás sacerdotes, ofrecer diariamente víctimas, primero por sus pecados y después por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque los sacerdotes constituidos por la ley eran hombres llenos de fragilidades; pero el sacerdote constituido por las palabras del juramento posterior a la ley, es el Hijo eternamente perfecto.

Ahora bien, lo más importante de lo que estamos diciendo es que tenemos en Jesús a un sumo sacerdote tan excelente, que está sentado a la derecha del trono de Dios en el cielo, como ministro del santuario y del verdadero tabernáculo, levantado por el Señor y no por los hombres.

Todo sumo sacerdote es nombrado para que ofrezca dones y sacrificios; por eso era también indispensable que él tuviera algo que ofrecer. Si él se hubiera quedado en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo ya quienes ofrecieran los dones prescritos por la ley. Pero éstos son ministros de un culto que es figura y sombra del culto celestial, según lo reveló Dios a Moisés, cuando le mandó que construyera el tabernáculo: Mira, le dijo, lo harás todo según el modelo que te mostré en el monte. En cambio, el ministerio de Cristo es tanto más excelente, cuanto que él es el mediador de una mejor alianza, fundada en mejores promesas.

Evangelio del Día

Evangelio según Marcos 3, 7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.

Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo.

En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.

Palabras del Santo Padre

La gente lo buscaba: la gente tenía los ojos fijos en él y él tenía los suyos fijos en la gente. Y esta es la peculiaridad de la mirada de Jesús. Jesús no masifica a la gente: Jesús mira a todos. Nos mira a todos, pero nos mira personalmente a cada uno de nosotros. Él mira nuestros grandes problemas o nuestras grandes alegrías, y también mira nuestras pequeñas cosas porque nos está cerca. Por eso, ¡No tengamos miedo! Corramos por este camino, pero siempre con la mirada fija en Jesús. Y experimentaremos la hermosa sorpresa de que el mismo Jesús seguirá fijando su mirada sobre tí y sobre mí. (Santa Marta – 31 de enero de 2017)


Vaticano
Tomado de: https://www.vaticannews.va/es/