Lectura del Día 06/01/2021
Santoral, ¿Quién es San Juan Nepomuceno Neumann?

Sacerdote bohemio vivió en los Estados Unidos (1811-1860), desarrolla su ministerio entre los pobres y los inmigrantes. Entra a los Redentoristas y es nombrado obispo de Filadelfia donde construye iglesias y escuelas, sobre todo en las periferias. Escribe un catecismo para jóvenes.
El obispo de Filadelfia nació en Prachatitz, Bohemia, el 28 de Marzo de 1811, hijo de Philip Neumann y Agnes Lebis. Asistió a la escuela en Budweis y allí entró en el seminario el año 1831.
Dos de años después, pasó a la universidad de Charles Ferdinand en Praga donde estudió teología. Cuando su preparación para el sacerdocio se completó en 1835, deseaba ordenarse pero el obispo decidió que no habría allí más ordenaciones. Nos resulta difícil imaginar hoy que Bohemia tuviera entonces demasiados sacerdotes. Juan escribió a los obispos del mundo, pero en todas partes la misma historia: ninguno quería ahora sacerdotes. Juan estaba seguro de su vocación al sacerdocio, pero todas las puertas parecían cerrársele.
Pero Juan no se arredró. Aprendió el inglés trabajando en una fábrica con obreros de lengua inglesa. De esta forma, pudo escribir a los obispos de Estados Unidos.
Finalmente, el obispo de Nueva York aceptó ordenarlo. Para responder a la llamada de Dios de ser sacerdote, Juan debió abandonar su familia para siempre y atravesar el océano para adentrarse en una tierra lejana y difícil.
En Nueva York, Juan fue uno de los 36 sacerdotes para 200.000 católicos. Su parroquia, al oeste de Nueva York, se extendía desde Ontario hasta Pensilvania. Su iglesia no tenía ni campanario ni estaba pavimentada, pero esto no importaba en absoluto ya que Juan pasaba la mayor parte de su tiempo visitando poblado tras poblado, escalando montañas, para visitar a los enfermos, para detenerse en las cabañas y en las tabernas a fin de enseñar y celebrar la misa en la mesa de la cocina.
Debido a su trabajo y a lo lejano de la parroquia, Juan soñaba con una comunidad: entró con los redentoristas, una Congregación de sacerdotes y hermanos que se dedicaban a ayudar a los pobres y a los más abandonados. Fue el primer sacerdote que entraba en la Congregación en América, profesó en Baltimore el 16 de enero de 1842. Desde el principio destacó por ser una persona altamente piadosa, por su evidente santidad, por su celo y por su amabilidad. Su conocimiento de seis idiomas modernos lo hizo particularmente apto para el trabajo en la sociedad Estadounidense de múltiples idiomas en el siglo diecinueve.
Después de trabajar en Baltimore y Pittsburgh, en 1847 fue nombrado Visitador o Superior Mayor de los redentoristas en los Estados Unidos. El Padre Frederick von Held, superior de la Provincia Belga, a la que pertenecían las casas Estadounidenses, dijo de él: “Es un gran hombre que combina la piedad con una personalidad fuerte y prudente”. Necesitó estas calidades, durante los dos de años en que desempeñó el cargo, cuando la fundación estadounidense pasaba por un difícil período de ajuste.
Cuando dejó el cargo al Padre Bernard Hafkenscheid, los redentoristas de Estados Unidos estaban mejor preparados para llegar a ser una provincia autónoma, cosa que sucedió en 1850. El Padre Neumann fue nombrado Obispo de Filadelfia y consagrado en Baltimore el 2 de marzo de 1852. Su diócesis era muy grande y pasaba por un período de considerable desarrollo.
Como obispo, fue el primero en organizar un sistema diocesano de escuelas católicas.
Fundador de la educación católica en el país, las escuelas de su diócesis aumentaron de 2 un 100. Fundó las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco para enseñar en las escuelas.
Entre las más de ochenta iglesias que construyó durante su episcopado, debe mencionarse la catedral de los Santos Pedro y Pablo que él comenzó. San Juan Neumann era de estatura pequeña, nunca tuvo una salud robusta, pero en su corta vida tuvo una gran actividad. Encontró tiempo para una considerable actividad literaria además de sus obligaciones pastorales. Escribió asimismo numerosos artículos en revistas y periódicos católicos; publicó dos catecismos y, en 1849, una historia de la Biblia para escuelas. Continuó esta actividad justamente hasta el final de su vida.
El 5 de enero de 1860 (con 48 años de edad) se desplomó en la calle, en su ciudad episcopal y murió antes de que pudieran administrársele los últimos Sacramentos. Fue beatificado por el Papa Pablo VI el 13 de octubre de 1963 y canonizado por el mismo Papa sobre el 17 de junio de 1977. Su fiesta es cada 5 de enero.
Juan Nepomuceno Neumann nació en 1811 en Prachatitz. Entonces formaba parte del Imperio Austro-Húngaro y actualmente pertenece a Chequia.
Estudió Teología por recomendación de su madre y así descubrió su vocación como sacerdote y misionero.
Mientras esperaba la ordenación sacerdotal, viajó como misionero a Estados Unidos.
En 1836 sería ordenado en la catedral de san Patricio en Nueva York. Ingresó en la congregación de los Redentoristas. Destacó por su trabajo de atención a los más necesitados.
Fue nombrado obispo de Filadelfia. Creó un sistema de escuelas parroquiales.
En 1960, fue reconocido por el Senado estadounidense como hombre insigne, pionero y promotor del sistema escolar católico de Estados Unidos.
Oración de la misa
Renovados con el Cuerpo y Sangre de tu amado Hijo, te pedimos, Señor, que por los méritos de tu obispo Juan, después de haber seguido en la tierra al Sumo Pastor, lleguemos al banquete eterno. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Santoral, ¿Quién es Santa Angela de Foligno?
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“Mi lugar está en el mundo”. Esta convicción acompañó siempre la existencia de Ángela de Foligno: desde los años juveniles caracterizados por una conducta de vida mundana y por una aparente indiferencia hacia Dios, hasta aquellos sucesivos de la madurez espiritual cuando comprendió que para mejor servir y asemejar al Señor estaba llamada a vivir la santidad en lo concreto de la cotidianeidad. Nacida en Foligno el 4 de enero de 1248 de una familia acaudalada, pronto queda huérfana de padre y recibe de la madre una educación superficial que la lleva a consumir su juventud lejana de la fe. Bella, inteligente, apasionada, desposa un personaje notable de Foligno con quien tiene diversos hijos.
La conversión y el temor del inferno
La frivolidad y despreocupación de la juventud fueron alteradas en el lapso de pocos años por una serie de eventos: el violento terremoto de 1279, un huracán impetuoso y luego la larga guerra contra Perugia llevan a Ángela a interrogarse sobre la precariedad de la vida y a advertir el temor del infierno. Nació en ella el deseo de acercarse al sacramento de la penitencia, pero – cuentan las crónicas – “la vergüenza le impidió realizar una confesión completa y por esto se quedó en el tormento”. En oración obtiene de san Francisco de Asís la aseguración que dentro de poco habría conocido la misericordia de Dios.
El encuentro con el amor misericordioso de Dios
Ángela regresó al confesionario y esta vez se reconcilió totalmente con el Señor. A la edad de 37 años, no obstante la hostilidad de sus familiares, tuvo inicio la conversión en el signo de la penitencia y de la renuncia a las cosas, a los afectos, a sí misma. Después de la muerte cercana y prematura de su madre, del marido y de sus hijos vendió todos sus bienes distribuyendo lo recaudado entre los pobres. Dirigiéndose en peregrinación a Asís tras las huellas del Pobrecillo, en 1291 ingresa a la Tercera Orden de San Francisco, confiándose a la dirección espiritual de fray Arnaldo, conciudadano y consanguíneo, que luego se volvió su biógrafo, autor del célebre “Memorial”. En este texto las etapas de la vocación de Ángela y sus constantes éxtasis y experiencias místicas, culminadas en la inhabitación en el alma de la Santísima Trinidad, están sub divididas en treinta “pasos”. “He visto una cosa plena, – contaba al confesor a propósito de la visión del Dios Trino – una majestad inmensa, que no sé decir, me parecía que era todo bien. (…) Después de su partida, comenzaba a gritar fuerte (…) Amor no conocido ¿por qué me dejas?”. El juvenil temor de la damnación dejó rápidamente lugar a la conciencia de no poderse salvar por los propios méritos, sino, con ánimo arrepentido, solo a través del infinito amor misericordioso de Dios.
Asidua en la oración y en la ternura hacia los últimos
A la constante dimensión orante, explicada de manera especial en la adoración eucarística y en la oración, Ángela siempre agregó la actividad caritativa al lado de los últimos, asistiendo con ternura a los leprosos y a los enfermos, en los cuales veía al Cristo Crucificado. Conocida ya en vida como Magistra Theologorum, promovió una teología basada sobre la Palabra de Dios, sobre la obediencia a la Iglesia y sobre la experiencia directa de lo divino en sus manifestaciones más íntimas.
Fecunda en su maternidad espiritual
Involucrada con pasión en las controversias que laceraban el orden franciscano, Ángela atrajo alrededor de su persona a un cenáculo de hijos espirituales que veían en ella a una guía y a una verdadera maestra de fe: por este motivo su figura encarna uno de los modelos del genio femenino en la Iglesia. Ya antes de su muerte, el 4 de enero de 1309, le viene atribuido por el pueblo, en manera no oficial, el título de santa. El 9 de octubre de 2013 el Papa Francisco cumplió lo ya iniciado por sus predecesores canonizando a Ángela de Foligno por equivalencia.
Angela de Foligno es una de las místicas más famosas de la Iglesia en la Edad Media, junto a Santa Catalina de Siena y Santa Catalina de Génova.
Vivió su infancia y juventud como una mujer orgullosa, vanidosa, poco piadosa y dedicada a la vida mundana. Se casó muy joven y tuvo varios hijos. Poseía riquezas, castillos, lujos, joyas y fincas, pero nada de esto la hacía feliz.
A la edad de 35 años, murieron sucesivamente su madre, su esposo y sus hijos. En medio de esta inmensa pena, Angela recurre a Dios, va a la iglesia y escucha la prédica de un sacerdote franciscano y se da cuenta de su error. Pidió confesarse y luego decidió hacerse terciaria franciscana. Se dirigió en peregrinación a Asís, y en una visión San Francisco le pide vender todo lo que tiene, darlo a los pobres, y dedicarse a meditar en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
Santa Angela vendió todas sus posesiones menos un castillo que estimaba muchísimo. Poco después, en una visión oye decir a Cristo crucificado preguntarle: “¿Por amor a tu Redentor no serás capaz de sacrificar también tu palacio preferido?”.
Esta vez decidió vender absolutamente todos sus bienes, reparte el dinero entre los más necesitados, y se dedica a una vida de contemplación.
Fue tan grande el amor que tuvo hacia la Pasión y Muerte del Señor, que le bastaba mirar una imagen de Jesús doliente o escuchar hablar del sufrimiento de Dios para que se enrojeciera su rostro y quedara como en éxtasis.
Murió el 4 de enero de 1309 conformada plenamente con el Señor.
Muchas veces, nuestras vidas están llenas de castillos que no queremos vender y que nos impiden gozar de la felicidad que Dios nos ofrece. Que el testimonio de Santa Angela de Foligno nos ayude hoy a desprendernos un poco más de esas ataduras que nos alejan de la verdadera felicidad.



