Lectura del Día 20/08/2021
Santoral, ¿Quién es San Juan Eudes?

En la segunda mitad del siglo XVI, vivía en Ri, Normandía (Francia), un granjero llamado Isaac Eudes, casado con Marta Corbin. Como no tuviesen hijos al cabo de dos años de matrimonio, ambos esposos fueron en peregrinación a un santuario de Nuestra Señora. Nueve meses después tuvieron un hijo, al que siguieron otros cinco. El mayor recibió el nombre de Juan y, desde niño, dio muestras de gran inclinación al amor de Dios. Se cuenta que, cuando tenía nueve años, un compañero de juegos le abofeteó; en vez de responder en la misma forma, Juan siguió el consejo evangélico y le presentó la otra mejilla.
A los catorce años, Juan ingresó en el colegio de los jesuitas de Caén. Sus padres deseaban que se casara y siguiera trabajando la granja de la familia. Pero Juan, que había hecho voto de virginidad, recibió las órdenes menores en 1621 y estudió la teología en Caén con la intención de consagrarse a los ministerios parroquiales. Sin embargo, poco después determinó ingresar en la congregación del oratorio, que había sido fundada en 1611 por el futuro cardenal Pedro de Bérulle. Tras de recabar con gran dificultad el permiso paterno, fue recibido en París por el superior general en 1623. Juan había sido hasta entonces un joven ejemplar: su conducta en la congregación no lo fue menos, de suerte que el P. Bérulle le dio permiso de predicar, aunque sólo había recibido las órdenes menores. Al cabo de un año en París, Juan fue enviado a Aubervilliers a estudiar bajo la dirección del P. Carlos de Condren, el cual, según la expresión de Santa Juana Francisca de Chantal, “estaba hecho para educar ángeles”. El fin de la congregación del oratorio consistía en promover la perfección sacerdotal y Juan Eudes tuvo la suerte de ser introducido en ella por dos hombres de la talla de Condren y Bérulle.
Al servicio de los enfermos
Dos años más tarde, se desató en Normandía una violenta epidemia de peste, y Juan se ofreció para asistir a sus compatriotas. Bérulle le envió al obispo de Séez con una carta de presentación, en la que decía: “La caridad exige que emplee sus grandes dones al servicio de la provincia en la que recibió la vida, la gracia y las órdenes sagradas, y que su diócesis sea la primera en gozar de los frutos que se pueden esperar de su habilidad, bondad, prudencia, energía y vida”. El P. Eudes pasó dos meses en la asistencia a los enfermos en lo espiritual y en lo material. Después fue enviado al oratorio de Caén, donde permaneció hasta que una nueva epidemia se desató en esa ciudad, en 1631. Para evitar el peligro de contagiar a sus hermanos, Juan se apartó de ellos y vivió en el campo, donde recibía la comida del convento.
Predicador ungido
Pasó los diez años siguientes en la prédica de misiones al pueblo, preparándose así para la tarea a la que Dios le tenía destinado. En aquella época empezaron a organizarse las misiones populares en su forma actual. San Juan Eudes se distinguió entre todos los misioneros. En cuanto acababa de predicar, se sentaba a oír confesiones, ya que, según él, “el predicador agita las ramas, pero el confesor es el que caza los pájaros”. Mons. Le Camus, amigo de San Francisco de Sales, dijo refiriéndose al P. Eudes: “Yo he oído a los mejores predicadores de Italia y Francia y os aseguro que ninguno de ellos mueve tanto a las gentes como este buen padre”. San Juan Eudes predicó en su vida unas ciento diez misiones.
Una de las experiencias que adquirió durante sus años de misionero, fue que las mujeres de mala vida que intentaban convertirse, se encontraban en una situación particularmente difícil. Durante algún tiempo, trató de resolver la dificultad alojándolas provisionalmente en las casas de las familias piadosas, pero cayó en la cuenta de que el remedio no era del todo adecuado. Magdalena Lamy, una mujer de humilde origen, que había dado albergue a varias convertidas, dijo un día al santo: “Ahora os vais tranquilamente a una iglesia a rezar con devoción ante las imágenes y con ello creéis cumplir con vuestro deber. No os engañéis, vuestro deber es alojar decentemente a estas pobres mujeres que se pierden porque nadie les tiende la mano”.
Estas palabras produjeron profunda impresión en San Juan Eudes, quien alquiló en 1671, una casa para las mujeres arrepentidas; en la que podían albergarse en tanto que encontraban un empleo decente. Viendo que la obra necesitaba la atención de religiosas, el santo la ofreció a las visitandinas, quienes se apresuraron a aceptarla.
Después de mucho orar, reflexionar y consultar, San Juan Eudes abandonó la congregación del oratorio en 1643. La experiencia le enseñó que el clero necesitaba reformarse antes que los fieles y que la congregación sólo podría conseguir su fin mediante la fundación de seminarios. El P. Condren, que había sido nombrado superior general, estaba de acuerdo con el santo; pero su sucesor, el P. Bourgoing, se negó a aprobar el proyecto de la fundación de un seminario en Caén.
Entonces el P. Eudes decidió formar una asociación de sacerdotes diocesanos, cuyo fin principal sería la creación de seminarios con miras a la formación de un clero parroquial celoso. La nueva asociación quedó fundada el día de la Anunciación de 1643, en Caén, con el nombre de “Congregación de Jesús y María”. Sus miembros, como los del oratorio, eran sacerdotes diocesanos y no estaban obligados por ningún voto. San Juan Eudes y sus cinco primeros compañeros se consagraron a “la Santísima Trinidad, que es el primer principio y el último fin de la santidad del sacerdocio”. El distintivo de la congregación era el Corazón de Jesús, en el que estaba incluido místicamente el de María; como símbolo del amor eterno de Jesús por los hombres.
La congregación encontró gran oposición, sobre todo por parte de los jansenistas y de los padres del oratorio. En 1646, el P. Eudes envió a Roma al P. Manoury para que recabase la aprobación pontificia para la congregación, pero la oposición era tan fuerte, que la empresa fracasó.
En 1650, el obispo de Coutances pidió a San Juan que fundase un seminario en dicha ciudad. El año siguiente, M. Oliver, que consideraba al santo como “la maravilla de su época”, Ie invitó a predicar una misión de diez semanas en la iglesia de, San Sulpicio de París. Mientras se hallaba en esa misión, el P. Eudes recibió la noticia de que el obispo de Bayeux acababa de aprobar la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio, formada por las religiosas que atendían a las mujeres arrepentidas de Caén. En 1653, San Juan fundó en Lisieux un seminario, al que siguió otro en Rouen en 1659. ¡En seguida, el santo se dirigió a Roma a tratar de conseguir la aprobación pontificia para su congregación; pero los santos no siempre tienen éxito, y San Juan Eudes fracasó en Roma.
Un año después, una bula de Alejandro VII aprobó la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio. Ese fue el coronamiento de la obra que el P. Eudes y Magdalena Larny habían emprendido treinta años antes en favor de las pecadoras arrepentidas. San Juan siguió predicando misiones con gran éxito; en 1666, fundó un seminario en Evreux y, en 1670, otro en Rennes.
Al año siguiente, publicó un libro titulado “La Devoción al Adorable Corazón de Jesús”. Ya antes, el santo había instituido en su congregación una fiesta del Santísimo Corazón de María. En su libro incluyó el propio de una misa y un oficio del Sagrado Corazón de Jesús. El 31 de agosto de 1670, se celebró por primera vez dicha fiesta en la capilla del seminario de Rennes y pronto se extendió a otras diócesis. Así pues, aunque San Juan Eudes no haya sido el primer apóstol de la devoción al Sagrado Corazón en su forma actual, fue sin embargo él “quien introdujo el culto del Sagrado Corazón de Jesús y del Santo Corazón de María”‘, como lo dijo León XIII en 1903. El decreto de beatificación añadía: “El fue el primero que, por divina inspiración les tributó un culto litúrgico.”
Clemente X publicó seis breves por los que concedía indulgencias a las cofradías de los Sagrados Corazones de Jesús y María, instituidas en los seminarios de San Juan Eudes.
Durante los últimos años de su vida, el santo escribió su tratado sobre “el Admirable Corazón de la Santísima Madre de Dios”; trabajó en la obra mucho tiempo y la terminó un mes antes de morir. Su última misión fue la que predicó en Sain-Lö, en 1675, en plena plaza pública, con un frío glacial. La misión duró nueve semanas. El esfuerzo enorme acabó con su salud y a partir de entonces se retiró prácticamente de la vida activa.
Su muerte ocurrió el 19 de agosto de 1680.
Fue canonizado en 1925 y su fiesta fue incluida en el calendario de la Iglesia de occidente en 1928.
Santoral, ¿Quién es San Ezequiel Moreno?

Nació el 9 de abril de 1848 en Alfaro, Rioja España. En el seno de una humilde familia y con gran devoción católica, sus padres fueron Félix Moreno y Josefa Díaz. Desde muy niño descubrió su vocación a la vida religiosa y el 21 de septiembre de 1884 ingresó como religioso en el convento español de los agustinos recoletos en Montegudo, Navarra. Al año siguiente hizo su profesión religiosa en el teologado de Marcilla. En 1870 viajó a Manila, Filipinas, donde se desempeñó como misionero. Al año siguiente fue ordenado sacerdote y destinado a Mindoro donde continuó sus actividades misioneras. Poco tiempo después se enfermó de paludismo y regresó a Manila.
Más tarde fue nombrado superior del convento de Monteagudo y vuelve a España para dedicarse a la formación de los futuros religiosos misioneros.
En 1888 viajó a Colombia al mando de un grupo de misioneros agustinos recoletos emprende. En este país empezó a reactivar las misiones y en 1893 fue nombrado obispo titular de Pinara y vicario apostólico de Casanare, en 1895 fue nombrado Obispo de Pasto. San Ezequiel desempeñó su nueva misión con la eficacia y generosidad que lo caracterizaban pero tuvo que superar numerosos obstáculos.
En 1905 se le diagnosticó cáncer y ante las reiteradas súplicas de los fieles y de los religiosos de su Orden, al año siguiente volvió a España para operarse. La operación no tuvo éxito y San Ezequiel, firme en su fe, se retiró al convento de Monteagudo, España, donde murió el 19 de agosto de 1906.
Su fama de santidad creció rápidamente, sobre todo en Colombia. Fue beatificado por el Papa Pablo VI en 1975 y el 11 de octubre de 1992 fue canonizado por el Papa Juan Pablo II . San Ezequiel Moreno es considerado como el especial intercesor ante Dios por los enfermos del cáncer y uno de los más grandes apóstoles de la Evangelización de América.
Lectura del Día 19/08/2021
Santoral, ¿Quién es Beato Martín Martínez Pascual?

“Hermano, siervo de Dios, practica… la religión” (cf. 1 Tim 6,11). Haciendo referencia a estas palabras del Evangelio, se dirigía San Juan Pablo II al grupo de sacerdotes mártires de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos que fueron beatificados el 1 de octubre de 1995. Estas palabras encajan a la perfección con el carisma fundado por el Beato Manuel Domingo y Sol, que se encargaba precisamente de esto: formar a futuros sacerdotes y catequizar a todos los necesitados.
InfanciaEn el pueblo de Valdealgorfa, provincia de Teruel, nació el día 11 de noviembre de 1910 el niño Martín Martínez Pascual. Sus padres eran un matrimonio muy trabajador y cristiano. Dº Martín Martínez Callao era un conocido carpintero de la localidad y Doña Francisca Pascual Amposta era ama de casa. El matrimonio se esforzó en inculcar muchos y buenos valores a sus tres hijos, los educaron en la Fe cristiana desde una religiosidad sencilla. Al día siguiente de nacer, lo bautizaron en la majestuosa iglesia de Nuestra Señora de la Natividad. Le pusieron el nombre de Martín en honor a su padre.
Como todos los niños en su infancia, era travieso y alegre, le gustaba pasar largas jornadas de juegos con sus amigos, llevaba siempre la iniciativa. En el año 1919, cuando contaba con nueve años de edad, ayudaba como monaguillo en el convento que las Hermanas Clarisas tenían cerca de su casa; con estas religiosas le unió hasta su muerte un gran cariño. Aquí se sintió muy atraído por la adoración al Santísimo Sacramento. Le llamó especialmente la atención cómo estas religiosas se arrodillaban y pasaban largas horas de recogida oración delante de la custodia o el sagrario, adorando a Jesús Sacramentado. Este hecho con toda probabilidad fue el que influyó a la hora de encauzar su vida por el sacerdocio, ya que desde muy joven dijo a sus padres que quería ser sacerdote. Uno de sus amigos de infancia recuerda al Beato Martín de esta forma: “De chico era muy bueno y muy piadoso. Animaba a los demás chicos a ser buenos y rezaba con ellos”, Martín “era un santito”.Vocación
Como ya hemos dicho, el joven Martín sintió muy pronto la llamada al sacerdocio, casi con toda la seguridad podamos decir que esta vocación maduró día tras día en este convento de las Clarisas. Sus padres tenían mucho interés en que el joven fuese Guardia civil, era una carrera con bastantes salidas en aquella época, aparte de que estaba bien vista por la sociedad. Martín era buen estudiante y sus padres estaban convencidos de que no le supondría mucho esfuerzo sacar esta carrera, pero él dijo que no, que sería sacerdote, y así se lo hizo saber al párroco, Dº Mariano Portolés Piquer. Este sacerdote fue muy querido en Valdealgorfa por encargase de cuidar y dirigir las vocaciones religiosas que surgían en este pueblo- que eran muchas –, a todos los seminaristas y novicias daba muy buenos consejos que acompañarían a éstos a lo largo de sus vidas. Algunos vecinos y compañeros del Beato declararon que la vocación del Beato Martín podría venir del ejemplo de Dº Mariano, ya que era un sacerdote modelo que suscitó muchas vocaciones gracias sus virtudes.
Con inmensa alegría marchó desde su pueblo natal hasta el Seminario menor de Belchite (Zaragoza). En los primeros años no destacó del resto de seminaristas, era un seminarista más, aplicado en los estudios y obediente en lo que le encargaban sus superiores. En el tiempo libre que tenía con los demás seminaristas no dejó a un lado sus travesuras, le gustaba gastar pequeñas bromas. Esto cambió de alguna forma cuando empezó a estudiar la materia de filosofía, a partir de entonces se esforzó mucho por alcanzar la perfección en todo aquello que emprendía. No podemos confundir su cambio con una especie de misticismo, todo lo contrario, él siguió esforzándose con la misma sencillez y naturalidad de siempre, aunque sí que es cierto que en esto tuvo que ver mucho “Historia de un alma”, libro de Santa Teresita de Niño Jesús (durante ese tiempo, el Beato Martín leyó este libro). La alegría que desbordaba por donde pasaba todos la recuerdan como una de sus mayores virtudes, era una alegría natural que cautivaba a todos con los que trataba.En esta última etapa del Seminario de Belchite dejó muy buen recuerdo en todos los seminaristas menores. Estos jóvenes lo recuerdan como un hermano mayor muy alegre y simpático, encargado de hacer de mediador en los roces de caracteres que surgían entre ellos. A parte también lo recuerdan por su amor al Santísimo Sacramento, a la Inmaculada Concepción, a San José y a Santa Teresita del Niño Jesús. Sin ni tan siquiera él saberlo, empujaba con su devoto ejemplo a hacer lo mismo a los jóvenes seminaristas, en concreto a visitar al Santísimo y pasar largas jornadas adorándolo. Dº Martín Fuster, paisano suyo y entonces seminarista, lo recuerda de esta manera: “En el Seminario, sobre todo los últimos años, fue ejemplar. En vacaciones era seminarista modelo y apóstol entre nosotros, los seminaristas más pequeños. Ya entonces gozaba de fama, no solamente de bueno, sino de santo”.En el año 1932 ya estaba cerca el fin de su carrera y con ello pronto sería ordenado sacerdote. El día 12 de noviembre, un día después de haber cumplido veintidós años, recibió la tonsura, un día después los ministerios de ostiario y lector, pocos días más tarde los de exorcista y acólito.Sacerdote de la Hermandad de los Sacerdotes Operarios Diocesanos
Desde que el Beato Martín leyó los libros de Santa Teresita del Niño Jesús deseaba ser misionero, a medida que pasaba el tiempo está más convencido de serlo. No encontró facilidades para cumplir este deseo, él quería cumplirlo de inmediato y esto conllevaba una serie de “burocracias” que se resolverían a largo plazo, y no a corto plazo como era su deseo.En el año 1934 solicitó entrar en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, instituto fundado por el Beato Manuel Domingo y Sol. El Director General de la Hermandad era Dº Pedro Ruiz de los Paños (beato y mártir), fue él quien dirigió la solicitud de admisión al arzobispo de Zaragoza, quien finalmente lo admitió. Según él mismo Beato Martín contó en una ocasión, ingresó en la Hermandad de los Sacerdotes Operarios con el celo de preparara sacerdotes santos con espíritu apostólico que llevaran el mensaje del Evangelio por todas partes del mundo. Estaba convencido de que siendo él mismo un santo dentro de la Hermandad, surgirían vocaciones de misioneros santos en todos los seminarios de este instituto. En cambio, su familia no mostraba mucho agrado por la idea de que ingresara en la Hermandad, pensaban que en una parroquia de la diócesis podría estar más comunicado con los padres, que ya eran mayores. Finalmente, vieron con buenos ojos su reciente ingreso.En 1934, marcha para Tortosa (Tarragona) donde la Hermandad tenía sus principales casas y seminarios. Aquí se prepara con mucha humildad, alegría, confianza e intensa oración para su ordenación. El 4 de noviembre de 1934 fue ordenado subdiácono, el 10 de febrero de 1935 fue ordenado diácono y el 15 de junio de 1935 recibió la ordenación sacerdotal en Tortosa. Cantó la primera misa en la casa de Probación y después marchó hasta su pueblo, Valdealgorfa, para celebrar su segunda misa. Era el día del Corpus Christi y por la tarde sacó al Santísimo Sacramento en procesión por el pueblo.Formador de sacerdotes en Murcia y última prueba: el martirio
En el curso que comprendía entre los años 1935-36, el Beato Martín fue destinado al colegio de vocaciones de San José en Murcia como formador y también como profesor de latín en el seminario Mayor de San Fulgencio. Era su primer destino como sacerdote y lo desempeñó poniendo todas sus fuerzas e ilusión. En este año su trabajo hizo una gran reforma, fue muy valorado y reconocido por superiores y alumnos. Muchos de sus alumnos dirían: “De no haber sido mártir, habría llegado a ser Santo de todas formas”.
En 1936 el ambiente político ya empezaba a preocupar al joven Dº Martín, no obstante, no se vino abajo por nada de lo que se veía y oía en la ciudad, mostraba siempre su confianza en la Providencia. Si por algo se preocupaba era por los jóvenes seminaristas, por si perdían la vocación en estos difíciles momentos. El 26 de junio de 1936 marchó para Tortosa a unos ejercicios espirituales, donde muchos de los sacerdotes de la Hermandad asistían (de los treinta asistentes a dichos ejercicios, murieron mártires veintidós). Terminados los ejercicios se dirigió a su pueblo natal, ese mismo día unos milicianos de otra localidad venían con órdenes estrictas de persecución a Valdealgorfa. Por esta razón celebró su última misa en público, comulgaron todas las monjas y los sacerdotes concelebrantes con el mayor recogimiento.Desde este mismo día no le quedó otra opción que vivir oculto y vestir como laico. Estando oculto en la casa de sus padres, los milicianos fueron a buscarlo en varias ocasiones y él huía saltando tapias de una casa a otra, llevando encima el Santísimo Sacramento por si tenía ocasión de visitar por la noche a algún enfermo o moribundo. Después de deambular de casa en casa de sus buenos vecinos, marchó a ocultarse en una cueva a las afueras del pueblo. Aquí permaneció más de veinte días, que fueron su particular Viacrucis. Jesús Sacramentado, que lo acompañaba en esas horas amargas, era su fortaleza, intensificaba la oración y rezaba sin descanso, estaba seguro de que le quedaba poco tiempo para morir mártir.El día 18 de agosto el comité emitió un bando para que se presentaran todos los sacerdotes del pueblo, al no acudir el Beato Martín, arrestaron a su padre con la amenaza de matarlo. Unos vecinos le hicieron llegar la noticia a la cueva donde se ocultaba y de inmediato corrió sin descanso para llegar al pueblo. Muchos vecinos se lo cruzaron y aseguraban que estaba alegre y sin muestras de miedo. Un miliciano amigo de la familia se acercó y le dijo que a él y a su padre no les pasaría nada, pero Martín le dijo al miliciano que les perdonaba a todos, a continuación le dio un abrazo para sus familiares y le aseguró que perdonaría a sus asesinos. Al poco tiempo fue detenido por confesar que era “Martín Martínez, sacerdote como los demás detenidos”. Sólo permaneció unos minutos encarcelado junto los demás sacerdotes del pueblo, en estos pocos minutos le dio tiempo a compartir las sagradas formas que llevaba ocultas, así pudieron comulgar todos. Seguidamente los montaron en un camión y pasaron a recoger a un grupo de seglares que tenían presos en una ermita, al subir éstos al camión, el Beato Martín dijo en voz alta: “¡Qué lástima no haber sabido yo esto, porque hubieran participado también éstos del banquete celestial!”.En el momento final, los milicianos le dijeron que si quería decir sus últimas palabras, muy sereno dijo: “Yo no quiero sino daros mi bendición y que Dios no os tome en cuenta la locura que vais a cometer”. Acto seguido le ordenaron que se volviera de espaldas, y se dirigió a los milicianos diciendo: “Moriré de frente porque no he hecho ningún mal”. Al empezar los disparos gritó: “¡Viva Cristo Rey!” y se abrazó al joven Martín Fuster, que apenas había cumplido un mes desde que cantara su primera misa. Esto fue una prueba más de su protección, cariño y unión por las jóvenes vocaciones sacerdotales. Tenía veinticinco años y como vemos en la foto que abre el artículo murió alegre, sereno y amando a la Iglesia.Beatificación
Después de reconocerse el martirio de este grupo de nueve Sacerdotes Operarios Diocesanos, encabezado por el Beato Pedro Ruiz de los Paños, fueron beatificados por San Juan Pablo II el 1 de octubre de 1995, junto a varios grupos de otros mártires del siglo XX de España. Estos nueve mártires no recibieron juntos el martirio, tampoco el mismo día, ni siquiera en la misma ciudad, pero la H.S.O.D unificó las causas. Actualmente los restos de parte de ellos descansan en el templo de la reparación de Tortosa.

