Santoral, ¿Quién es Santa Elena?

Santa Elena

Quien honra a su madre, es como quien encuentra un tesoro. (Eclesiástico).
Santa ElenaElena significa: “antorcha resplandeciente”.
Esta gran santa se ha hecho famosa por haber sido la madre del emperador que les concedió la libertad a los cristianos, después de tres siglos de persecución, y por haber logrado encontrar la Santa Cruz de Cristo en Jerusalén.
Nació ella en el año 270 en Bitinia (hacia el sur de Rusia, junto al Mar Negro). Era hija de un hotelero, y especialmente hermosa.
Y sucedió que llegó por esas tierras un general muy famoso del ejército romano, llamado Constancio Cloro y se enamoró de Elena y se casó con ella. De su matrimonio nació un niño llamado Constantino que se iba a hacer célebre en la historia por ser el que concedió la libertad a los cristianos.
Cuando ya llevaban un buen tiempo de matrimonio sucedió que el emperador de Roma, Maximiliano, ofreció a Constancio Cloro nombrarlo su más cercano colaborador, pero con la condición de que repudiara a su esposa Elena y se casara con la hija de Maximiliano. Constancio, con tal de obtener tan alto puesto repudió a Elena. Y así ella tuvo que estar durante 14 años abandonada y echada a un lado. Pero esto mismo la llevó a practicar una vida de santidad.
Pero al morir Constancio Cloro, fue proclamado emperador por el ejército el hijo de Elena, Constantino, y después de una fulgurante victoria obtenida contra los enemigos en el puente Milvio en Roma (antes de la cual se cuenta que Constantino vio en sueños que Cristo le mostraba una cruz y le decía: “Con este signo vencerás”), el nuevo emperador decretó que la religión católica tendría en adelante plena libertad (año 313) y con este decreto terminaron tres siglos de crueles y sangrientas persecuciones que los emperadores romanos habían hecho contra la Iglesia de Cristo.
Constantino amaba inmensamente a su madre Elena y la nombró Augusta o emperatriz, y mandó hacer monedas con la figura de ella, y le dio plenos poderes para que empleara el dinero del gobierno en las obras buenas que ella quisiera.
Elena, que se había convertido al cristianismo, se fue a Jerusalén, y allá, con los obreros, que su hijo, el emperador, le proporcionó, se dedicó a excavar en el sitio donde había estado el monte Calvario y allá encontró la cruz en la cual habían crucificado a Jesucristo (por eso la pintan con una cruz en la mano).
Dice San Ambrosio que Santa Elena aunque era la madre del emperador, vestía siempre con mucha sencillez y se mezclaba con la gente pobre y aprovechaba de todo el dinero que su hijo le daba para hacer limosnas entre los necesitados. Que era supremamente piadosa y pasaba muchas horas en el templo rezando.
En Tierra Santa hizo construir tres templos: uno en el Calvario, otro en el monte de los Olivos y el tercero en Belén.
Gastó su vida en hacer obras buenas por la religión y los pobres, y ahora reina en el cielo y ruega por nosotros que todavía sufrimos en la tierra.

Hallazgo de la Cruz
Frases de su padre
Oraciones a Santa Elena

Santoral, ¿Quién es Beato Santiago de Savigliano?

Beato Santiago de Savigliano

Santiago Taparelli nació en Savigliano del Piamonte en 1395. Era un joven de gran encanto personal y ágil inteligencia. Hizo sus estudios en la Universidad de Turín de la que llegó a ser profesor. Predicó en todo el Piamonte con gran éxito; con sus sermones obtuvo la conversión de muchos herejes, la reforma de numerosos pecadores y la edificación de los buenos cristianos. Tal éxito llamó la atención del Beato Amadeo, duque de Saboya, quien lo nombró predicador de la corte. El Beato Santiago siguió alentando al santo en los años que sucedieron a su abdicación.

En 1466 fue nombrado como inquisidor, cargo que era fatigoso, peligroso y difícil; sin embargo, el beato Santiago aceptó pese a que ya contaba con sesenta años, y lo desempeñó sin queja alguna por cerca de treinta años. En agosto de 1495, falleció Santiago, a los cien años de edad. Todo el pueblo acudió a venerar sus restos. Su culto fue confirmado en 1856.

Santoral, ¿Quién es San Alberto Hurtado Cruchaga?

San Alberto Hurtado Cruchaga

Alberto Hurtado Cruchaga quiso imitar a Jesús en las cosas sencillas que le ocurrían cada día. Su fortaleza, tesón y las ganas de servir a Dios marcaron su vida.
Nació el 22 de enero de 1901, en Viña del Mar, Chile, en el seno de una familia cristiana. Sus padres, Alberto Hurtado y Ana Cruchaga vivían en un campo cercano a la localidad de Casablanca. En el fundo Los Perales de Tapihue, Alberto pasó sus primeros años de vida. Pero cuando tenía cuatro años, su padre falleció.
Su madre quedó sola, a cargo de Alberto y de su hermano Miguel. La venta del fundo se hizo necesaria junto con el traslado a Santiago.
Acogidos por sus familiares, Alberto, Miguel y doña Ana, iniciaron una nueva etapa de sus vidas en la capital.
En 1909 ingresó al Colegio San Ignacio, en donde destacó por ser buen compañero, entusiasta y alegre. Fue en este lugar donde comenzó a manifestarse su vocación, esas ganas de ayudar a los otros estando al servicio de Cristo.
Sin embargo, aunque sabía que por sobre todas las cosas quería ser sacerdote, la difícil situación económica de su madre le hacía imposible cumplir su sueño de entrar a la Compañía de Jesús. Por eso, una vez finalizado el colegio entró a estudiar Leyes en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Para ayudar a su familia trabajaba en las tardes y en las pocas horas que le quedaban libres se lo dedicaba a la Parroquia Virgen de Andacollo.
Su vocación sacerdotal seguía presente, aunque los años pasaban, él no perdía la esperanza. Finalmente sus rezos fueron escuchados y en 1923 pudo cumplir su sueño e ingresar al noviciado. Luego de varios años de estudios, fue ordenado sacerdote en Bélgica, en 1933.
Volvió a Chile en 1936. De inmediato se puso a trabajar como profesor del Colegio San Ignacio, aquí niños y jóvenes buscaban su compañía y orientación. Su inmenso arrastre entre los jóvenes sobrepaso los límites del colegio. Fue llamado entonces como asesor de la Acción Católica Juvenil. Con sus jóvenes colaboradores recorrió la patria inflamando los corazones juveniles con el deseo de luchar por la gloria de Cristo.
Jesús lo llamaba. En cada lugar el Padre Alberto Hurtado veía la cara de Cristo en los pobres. Había tantos que necesitaban techo, abrigo y comida. Para ellos fundó el Hogar de Cristo en 1944.
Sin tiempo para desfallecer siempre tenía un nuevo proyecto entre sus manos. Una nueva casa de acogida para los niños, talleres de enseñanza, más camas para las hospederías, eran algunas de las miles de ideas que rondaban en su cabeza. Pese a la incomprensión de muchos, siempre encontraba la fuerza para seguir sirviendo a Cristo.
Su obra se multiplicó con su trabajo en la Ación Católica, en la Acción Sindical de Chile y en la Revista Mensaje. Pese a la cantidad de tareas impuestas, nunca dejó de realizar Dirección Espiritual. Con su mejor sonrisa recibía y escuchaba a sus “patroncitos”.
Tenía 51 años cuando le diagnosticaron cáncer. Pese a los fuertes dolores de su enfermedad, siguió trabajando por Cristo desde su pieza en el Hospital Clínico de la Universidad Católica. Hasta el final se mantuvo alegre y contento, siempre dando una palabra de esperanza y apoyo a quien lo visitaba.
El 18 de agosto de 1952 el Padre Alberto Hurtado Cruchaga dejó este mundo, partiendo al encuentro con Cristo. Su esfuerzo, su lucha, su alegría y su intenso amor por Jesús dieron frutos. El 16 de octubre de 1994, Su Santidad Juan Pablo II beatificó al Padre Hurtado. Fue canonizado el 23 de octubre de 2005 por el Papa Benedicto XVI.
En la mención dedicada a la vida del padre Hurtado durante la Misa de canonización de cinco nuevos santos, el Papa hizo notar como “el programa de vida de San Alberto Hurtado” fue la síntesis de: “Amarás a Dios con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo”.
El primer milagro del Padre Hurtado
La Congregación para la Causa de los Santos acreditaba el 9 de noviembre de 1993 el primer milagro por intercesión del P. Alberto Hurtado, a Doña María Alicia Cabezas Urrutia, quien sufriera en ese entonces de tres hemorragias cerebrales masivas y dos infartos cerebrales, los cuales dejaron una parte de su cerebro muerto hasta el día de hoy. A pesar de lo ocurrido Doña María actualmente vive tranquila sin secuela alguna.
El 25 de julio de 1990, María Alicia, sufrió la primera hemorragia subaracnoíde, y fue trasladada al Instituto de Neurocirugia de Santiago, donde ingresó en estado de coma. Normalmente los pacientes en estos casos mueren, sobretodo al repetirse una segunda hemorragia, como fue el caso de Doña María Alicia. En un caso de que sobreviva el paciente debe ser operado inmediatamente, sino corre el riesgo de morir. En este caso, María Alicia no pudo ser operado por estar muy mal.
La segunda hemorragia masiva, le ocurrió a María el 2 de agosto, con la cual debería haber muerto. El tercer episodio hemorrágico ocurrió el 4 de agosto, y María Alicia aún seguía con vida. Los médicos, Felipe Valdivia y Freddy Ayach, a pesar de que María estaba en coma, la sometieron al tratamiento nuclear, el cual demostró la falta de flujo sanguíneo en su cerebro, por lo cual debería morir en quince minutos. Sin embargo, ella se mantuvo así por muchas horas, en estado de coma, con altísima fiebre y varias infecciones.
Desde el día de la primera hemorragia ocurrida a María Alicia, en su hogar le hicieron múltiples oraciones a la intercesión del Padre Alberto Hurtado, para que se diera un milagro y así María Alicia se salvará. Víspera del día del Padre Hurtado (17 de agosto), cientos de personas peregrinaron a la tumba del Padre Hurtado celebrando allí la Eucaristía, en la cual regaban especialmente por la recuperación de María Alicia, dejando constancia en el libro de peticiones. Mientras tanto, una doctora hacia su visita rutinaria en el instituto de neurocirugía, y con gran sorpresa encontró que la fiebre alta de María Alicia había desaparecido, es más, había recuperado la conciencia, podía hablar y moverse lo cual antes no habóa podido hacer, reconocía a las personas y sus nombres.
“Mi organismo no respondía a nada, hasta que me encomendaron al Padre Hurtado y al día siguiente comencé a recuperarme. Incluso desapareció la fiebre, mis órganos vitales empezaron a funcionar y me trasladaron a la sala común”, declaró María Alicia.
“En un primer momento dudaba. Posteriormente, cuando me fui informando más de lo que había ocurrido realmente conmigo, la duda despareció y ya me convencí”, mencionó María Alicia.
La pronta recuperación, la cual fue inesperada e inexplicable para la ciencia médica, permitió preparar a María Alicia para someterla a una ulterior operación, que previniera nuevas hemorragias. El día 25 de septiembre marñia Alicia fuer operada durante siete horas, pero sin ningún riesgo, para así suturar el lugar de las hemorragias. Es en la operación, en donde el doctor Valdivia vio las muestras evidentes del infarto cerebral.
María Alicia volvió a su casa sana y sin secuelas de lo ocurrido el día 8 de octubre de ese mismo año.
El caso fue analizado en 1993 por la Sagrada Congregación Para la Causa de los Santos, la cual ratificó que se trataba de un milagro intercedido por el Padre Alberto Hurtado.
El Papa firmó decreto que confirma segundo milagro del P. Hurtado
El segundo milagro atribuido a la intersecion del Padre Hurtado, el cual abre paso a su canonización, fue aprobado por la Congregación para la Causa de los Santos el día 2 de abril del 2004.
El segundo milagro atribuido al Padre Hurtado y que reconocido por la Santa Sede se refiere a la situación que vivió Viviana Marcela Galleguillos Fuentes, quien en 1996, estando aún en el colegio y teniendo tan solo 16 años, resultó herida de gravedad a raíz de una accidente automovilístico en la Quinta Región, el cual la dejo con un problema cerebral de extrema gravedad. Los médicos no daban esperanzas a sus padres ya que Viviana había sufrido un daño neurológico calificado de irrecuperable por los médicos, quienes la desahuciaron tras una intervención quirúrgica.
El Padre de Viviana, fue hasta el Santuario del Padre Hurtado en Santiago, y a pesar de ser de madrugada, él espero hasta que temprano abrieran la puerta. ya adentro hizo su oración de petición y la dejó en el libro que hay en la tumba.
Al medio día, Viviana despertó como de un gran sueño, sin saber por qué se encontraba ahí. No secuelas de ninguna especie. Los médicos no encontraban explicación alguna. Luego de dos días Viviana se retiró del hospital con sus propios medios, entonces fueron a dar gracias al Padre Hurtado y en el libro describieron nuevamente su caso.
Tras lo ocurrido se inicio la investigación de la comisión médica chilena y más adelante lo hicieron en Roma. Luego de un proceso largo, finalmente se reconoció la intercesión de Alberto Hurtado en este milagro ocurrido a Viviana.
Oración al Padre Alberto Hurtado
Padre Hurtado Apóstol de Jesucristo,
servidor de los pobres y amigo de los niños…
Bendecimos a Dios por tu paso entre nosotros.
Tu supiste amar y servir
tú nos llamas a vivir la fe comprometida,
consecuente y solidaria.
Haznos vivir siempre contentos
aún en medio de las dificultades…
Padre Hurtado amigo de Dios y de los hombres.
Ruega por nosotros.
Amén.
Sitio oficial de la canonización: http://www.canonizacion.cl/index.html
Principales Fuentes: Conferencia Episcopal Chilena, Noticias 123.cl, Santuariopadrehurtado.cl

Lectura del Día 18/08/2021

 

Lectura del Día

Del libro de los Jueces 9, 6-15

En aquellos días, se reunieron todos los hombres de Siquem y todas las familias de Bet-Mil-Lo y proclamaron rey a Abimélek, junto a la encina de la piedra memorial que hay en Siquem.

Se lo anunciaron a su hermano Jotam, quien subió a la cumbre del monte Garizim, y desde ahí levantó la voz y clamó: “Escúchenme hombres de Siquem, y que Dios los escuche a ustedes.

Una vez los árboles fueron a buscarse un rey. Le dijeron al olivo: ‘Sé nuestro rey’. Pero el olivo les respondió: ‘¿Voy a renunciar al aceite que utilizan los dioses y los hombres, para ir a presumir por encima de los árboles?’

Entonces, los árboles le dijeron a la higuera: ‘Ven a ser nuestro rey’. La higuera les respondió: ‘¿Voy a renunciar a mis dulces y sabrosos frutos, para ir a presumir por encima de los árboles?’

Le dijeron luego los árboles a la vid: ‘Ven a ser nuestro rey’. La vid les respondió: ‘¿Voy a renunciar a mi vino, que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a presumir por encima de los árboles?’

Finalmente, todos los árboles le dijeron a la zarza: ‘Ven a ser nuestro rey’. La zarza les respondió: ‘Si de veras quieren hacerme su rey, vengan a descansar bajo mi sombra. Pero si no es así, que brote fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano’ ”.

Evangelio del Día

Evangelio según Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.

Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. El les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.

Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.

Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’

De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos’’.

Palabras del Santo Padre

¿Cómo paga Dios? […] Dios siempre paga el máximo. No se queda a mitad del pago. Paga todo.Y aquí se comprende que Jesús no está hablando del trabajo y del salario justo, que es otro problema, sino del Reino de Dios y de la bondad del Padre celestial que sale continuamente a invitar y paga el máximo salario a todos. De hecho, Dios se comporta así: no mira el tiempo y los resultados, sino la disponibilidad, mira la generosidad con la que nos ponemos a su servicio. Su actuar es más que justo, en el sentido de que va más allá de la justicia y se manifiesta en la Gracia. Todo es Gracia. Nuestra salvación es Gracia. Nuestra santidad es Gracia. Donándonos la Gracia, Él nos da más de lo que merecemos. ÁNGELUS 20 de septiembre de 2020


Vaticano
Tomado de: https://www.vaticannews.va/es/

Santoral, ¿Quién es Santa Clara de Montefalco?

Santa Clara de Montefalco

Santa Clara de Montefalco nació en Montefalco,en el año 1268. El nombre de sus padres eran, Damiano e Iacopa Vengente, que tuvieron 4 hijos en total. Su hermana mayor, Giovanna de 20 años y su amiga Andreola, establecieron una Ermita, en donde se dedicaron a una vida de oración y de sacrificio. En el año 1274 se le concedió aprobación de las autoridades eclesiástica y fue entonces que, Giovanna pudo recibir más hermanas a la Orden. La primera candidata fue su hermana Clara, de 6 años de edad. El ejemplo de sus padres, quienes tenían una gran devoción al Señor y a su Madre, y el de su Hermana y su compañera, contribuyeron a que se desarrollara en Clara el deseo de amar y servir al Señor a través de una vida de oración. Ella era una niña muy viva a la que todos encontraban que sobrepasaba a las niñas de su edad. Era además, extremadamente amorosa.
Desde que entró al convento aun cuando era más joven que las demás, se mantenía al mismo nivel que sus dos compañeras, tanto en la oración como en la penitencia. Desde muy pequeña, tuvo un ardiente amor por el Señor, especialmente por su Pasión. Este fuego interior fue el que le dio la energía, el celo y la fuerza, para vivir una vida que para muchos sería imposible. Desde pequeña tuvo gran apetito, y tenía que luchar contra sus deseos de comer los platos que más le gustaban, ayunando constantemente, especialmente durante la Cuaresma. Aún cuando ninguna Regla Religiosa se había establecido, Clara practicó una estricta obediencia a su hermana Giovanna, que era la líder del grupo. Una vez, que Clara rompió la Regla del silencio dada por su hermana, se impuso la penitencia de pararse en un cubo de agua helada, con los brazos hacia arriba rezando 100 veces el Padre Nuestro. En 1278 dos años después de haber entrado Clara al Convento entró Marina, amiga de Clara, y fue seguida de muchas otras por lo que tuvieron que mudarse a una montaña cerca de la ciudad, donde construyeron otra Ermita. Se levantó una gran persecución contra ellas, no solo por parte de laicos de la ciudad, sino también por los Franciscanos del lugar que decían que la ciudad era muy pequeña para tener otra comunidad pidiendo limosna. Pero el Señor que es justo, movió al oficial del Ducado a votar por ellas y se quedaron. Con la Ermita teniendo el techo a medio hacer, pasando frío y hambre, la pequeña comunidad era sostenida por su fe y llamado, que era más fuerte que la persecución de las personas de la ciudad. Durante esta época pocas personas les daban algo para comer, y se sostuvieron de hierbas silvestres. Clara que tenía un don para cocinar, les hacía pasteles de plantas con tanto amor, que las hermanas recordaban estos tiempos como tiempos de gozo en vez de miseria… Finalmente Giovanna obtuvo permiso para enviar a algunas hermanas a pedir limosna. Clara que tenía 15 años, insistió tanto en ir que, venció las objeciones de su hermana, y ella junto con Marina, salieron durante 40 días en busca de limosnas; nunca regresaban sin haber cumplido su cometido. Su hermana Giovanna, pensando en proteger a Clara, no le permitió salir mas, y Clara estuvo en el convento por el resto de sus años. Clara pasaba de ocho a diez horas diarias en oración, y por las noches caía de rodillas rezando el Padre Nuestro. Practicaba actos tan severos de mortificación, que su hermana Giovanna tuvo que poner restricciones en sus prácticas. Siempre estaba buscando una forma más ascética de oración. En el año 1288, cuando Clara tenía 20 años. Parecía que estaba llegando a alcanzar la completa unión con Jesús, cuando el Señor la probó adentrándola en un desierto. Fue una prueba dada por el Señor para castigar su orgullo y para que ella viera que sin El no podía hacer nada. Clara entró en el desierto. Perseguida por todo tipo de tentaciones, víctima de las emociones. Sentía que Dios la había abandonado. Esta tortura duró once años de su vida, a través de la cual estuvo sin la asistencia espiritual que ella desesperadamente ansiaba. Clara cargaba el peso de sus sentimientos de inseguridad en su corazón. Como no recibía las penitencias deseadas, comenzó a imponérselas ella misma, causando tanto daño físico que su hermana tuvo que detenerla otra vez. El 22 de noviembre de 1291, muere su hermana Giovanna. Fue un golpe muy duro para Clara pues veía en su hermana el ejemplo a seguir y la persona que la formaba en su vida espiritual.
El representante del Obispo llegó para la elección de la nueva Abadesa. Las monjas unánimemente escogieron a Clara. Sintiéndose totalmente indigna, les rogó que escogieran a alguna más, que fuera santa y sabia, diciendo que ella no era ninguna de las dos cosas; pero su petición no fue escuchada.
Aceptó su responsabilidad, aunque se sentía indigna, y se convirtió en Madre, Maestra, y Directora Espiritual. Enseñaba a sus hermanas a ofrecerle al Señor todas sus necesidades individuales, para que fuesen moldeadas en las necesidades de la comunidad, formando así en ellas un verdadero cuerpo, con una vida en común. Balanceando la oración y el trabajo necesario del monasterio, traía a la comunidad gozo y amor. Sensible a aquellas que sentían el llamado a más oración, les permitía hacerlo, pero con la condición que todo el mundo tenía que hacer trabajo manual. Ella dirigía, personalmente, e incesantemente a las hermanas en sus necesidades espirituales y corporales. Decía: “¿Quien enseña al alma, sino Dios? No hay mejor instrucción para el mundo que la que viene de Dios”. Las ayudaba e instruía a reconocer la voz del Espíritu y a discernir Quién era el poder en sus vidas. Pero, cuando era necesario, corregía y amonestaba a las hermanas, haciéndolas conscientes de los peligros a sus almas. Velaba por todas, aun a costa de su salud. La hermana Tomasa decía: “Ella permanecía despierta hasta tarde en la noche, pero siempre estaba despierta temprano en la mañana. Como Clara fue tan probada y sufrió tantas luchas y dudas, podía hablar con autoridad a otros. A través de su experiencia podía relacionarse con la batalla espiritual sufrida por otros. Podía ministrar a las personas fuera de la comunidad, que venían a verla, contando con los dones de conocimiento y sabiduría que le había dado el Señor. Por su amor y cuidado genuino, Clara atraía al monasterio a sacerdotes, teólogos, obispos, jueces, santos y pecadores. Nunca descuidó sus responsabilidades hacia sus hermanas dentro del monasterio por su apostolado con aquellos de fuera del claustro. Clara tenía un amor muy grande por los pobres y perseguidos. Enviaba a las hermanas externas con comida y medicamentos para los necesitados. Le daba a amigos y enemigos igualmente, y a veces mas a los enemigos. Así como era amorosa, generosa y entregada, así mismo era firme. Enfrentaba a todos sus perseguidores con estas cualidades, nunca retrocediendo ante ellos. Ella se atrevió a ser impopular, enfrentándose al pensamiento popular del mundo, así como al de sus propias monjas, si ella pensaba que estaba incorrecto. Testigos afirman que ella tenía el don de bilocación. Aunque ella era una mística, generalmente en contemplación de su Amado Señor Jesucristo (especialmente en su pasión), y en adoración estática a Dios Padre, al Hijo y el Espíritu Santo en la Santísima Trinidad, estaba consciente del mundo a su alrededor. Ella no estaba alejada de el, pero envuelta en el, orando y haciendo penitencia por su salvación. El año 1294 fue un año decisivo en la vida de Clara. En la fiesta de la Epifanía, después de haber hecho una confesión general delante de todas las hermanas, cayó en éxtasis y permaneció así por varias semanas. Las hermanas la mantenían con vida dándole agua de azúcar. Durante este tiempo, Clara tuvo una visión, en la que se vio siendo juzgada delante de Dios,”vio el infierno con todas las almas perdidas sin esperanza y el cielo con los santos, gozando perfecta felicidad en la presencia de Dios. Vio a Dios en toda su majestad. Le reveló cuan incondicionalmente fiel un alma debe ser a El para vivir de verdad en El y con El. Al recobrarse, resolvió “nunca pensar o decir algo que la separara de Dios”. También decía: Si Dios no me protegiera, sería la peor mujer en el mundo”. En el año de 1303 consiguió construir la Iglesia que tanto soñó, que no solamente serviría al convento, pero también a la comunidad del pueblo. La primera piedra fue bendecida en Junio 24 de 1303 por el Obispo de Espoleto y ese día la Iglesia fue dedicada a la Santa Cruz. Clara tuvo también la visión de Jesús vestido como un peregrino pobre. Su rostro agobiado por el peso de la cruz y su cuerpo mostrando los signos de un camino duro cargando la cruz. Clara estaba de rodillas tratando de evitar que El siguiera caminando, y preguntándole Señor, a donde vas?”; Jesús le respondió:”He buscado en el mundo entero por un lugar fuerte donde plantar firmemente esta Cruz, y no he encontrado ninguno”. Clara lo mira y toca la cruz, mostrando al Señor el deseo de tantos años de compartir su cruz. El rostro de Jesús ya no estaba exhausto, sino brillando de amor y de gozo. Su viaje había terminado. El le dice: “Si Clara, aquí he encontrado un lugar para mi cruz; al fin encuentro a alguien a quien puedo confiar mi cruz”, y se la implantó en su corazón. El intenso dolor que sintió en todo su cuerpo, al recibir la Cruz de Jesús en su corazón, permaneció con ella. Desde ese primer momento, siempre estuvo consciente de la cruz, que no solamente sentía sino que la sentía con cada fibra de su ser. El era parte de ella, su Amor Jesús y ella era una en su Cruz. “La vida de un alma es el amor a Dios”, decía Clara. Ella oraba para que todo aquel que ella conociera experimentara a Nuestro Señor Jesucristo, profundamente en su corazón. Ella oraba, sufría y ardía de pasión, como lo hizo nuestro Señor, porque le había entregado totalmente a El su corazón. Debido a sus penitencias de tantos años, su cuerpo comenzó a debilitarse y en Julio de 1308 ya no pudo levantarse mas de su cama. El demonio la atacaba incansablemente, tratando de hacerla sentir que ella era indigna de Dios; que Dios no la encontraba agradable, que se había equivocado en todo lo que ella había dicho y hecho; llevando así a la perdición a muchas almas. Pero con la fortaleza del Señor y su fe no cedió a las insinuaciones del demonio. En la noche de Agosto 15, llamó a las monjas y les dejó su último testamento espiritual: “Yo ofrezco mi alma por todas ustedes y por la muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Sean bendecidas por Dios y por mi. Y oro, mis hijas, que ustedes se comporten bien y que todo el trabajo que Dios me ha hecho hacer por ustedes sea bendecido. Sean humildes, obedientes; sean tales mujeres, que Dios sea alabado siempre a través de ustedes”. Después de hablar, pidió el Sacramento de Extrema Unción. Cuando una hermana estaba muriendo era la costumbre que cada hermana fuera e hiciera la señal de la cruz en la frente. Cuando se lo estaban haciendo a ella, les dijo: “Porque me hacen el signo de la Cruz?. Yo tengo a Jesús crucificado en mi corazón”. El viernes 16 de Agosto, en la tarde, Clara pidió que viniera su hermano Francisco. Esa noche llegó y la encontró muy cansada; pero a la mañana siguiente, Clara parecía estarse recuperando. Francisco se marchaba cuando dos hermanas lo llamaron y llevaron a ver a Clara, que sentada en la cama, con el color del rostro encendido y sonriendo, parecía completamente recuperada. Le dio a su hermano dirección espiritual, ya que ella era su directora espiritual y maestra, hablando largamente con el. Un ambiente de gozo y celebración comenzó a esparcirse por el convento, cuando Clara llamó a Fray Tomaso, el capellán del convento, y le dijo: “Yo confieso al Señor y a usted todas mis faltas y ofensas”, y mas tarde, decía a sus monjas: “Ahora ya no tengo nada mas que decirles. Ustedes están con Dios porque yo me voy con El. Y se mantuvo así, sentada en la cama, sus ojos mirando al cielo, sin moverse. Pasaron varios minutos y Francisco le tomó el pulso; mirando a las hermanas, llorando les anunció que Clara había muerto. Murió el Sábado 17 de Agosto, de 1308, a las nueve de la mañana. Las monjas inmediatamente prepararon el cuerpo de Clara para que todos pudieran verla. Primero le quitaron el corazón y lo pusieron en un caja floreada de madera. La Misa funeral fue celebrada el 18 de Agosto. Esa noche, las hermanas abrieron el corazón de Clara para prepararlo y ponerlo en un relicario, para su asombro, las palabras de Clara se hicieron vida; delante de ellas estaban las marcas de la Pasión de Jesús. Dentro del corazón estaba la forma perfecta de Jesús Crucificado, aún la corona de espinas en la cabeza y la herida de la lanza en el costado. Además, hechos de ligamentos o tendones, los flagelos usados en la flagelación, con las puntas mostrando las bolas de metal con los huesos para desgarrar la carne y los huesos del Señor. La noticia de este milagro se propagó inmediatamente. Otro hallazgo fue el de 3 piedras dentro de su vejiga. Cuando las monjas investigaron más, descubrieron que las 3 piedras, del tamaño de una nuez, eran perfectamente iguales en tamaño, forma y peso. Todas pesaban lo mismo, una pesaba tanto como dos, dos como tres y una como tres. Las hermanas interpretaron esto como un signo del amor tan grande que Clara tenia hacia la Santísima Trinidad. El cuerpo de Clara producía tal fragancia, que no pudieron enterrarla. Su cuerpo, después de 700 años, nunca se ha descompuesto. El proceso ordinario de la vida de Santa Clara, sus virtudes, sus revelaciones y milagros atestiguados gracias a su intercesión después de su muerte, comenzó en 1309. El proceso Apostólico llegó al Papa en 1328, pero su canonización en San Pedro, ocurrió el ocho de Diciembre de 1881, Fiesta de la Inmaculada Concepción. En la Iglesia de la Santa Cruz en Montefalco se conserva hasta hoy el cuerpo incorrupto de Santa Clara de Montefalco. Se pueden contemplar las reliquias de su corazón con las marcas de la pasión y las tres piedritas de la vejiga. En el jardín del monasterio (junto a la Iglesia), se encuentran unos árboles muy valiosos. Resulta que Jesús se apareció a Santa Clara en el jardín con un callado, el cual le pidió a Sta. Clara que lo sembrara. Ella le preguntó como hacerlo ya que no era una planta. Jesús le dijo que igual que si fuera una planta. En obediencia, Sta. Clara siembra el callado y de pronto se convierte en un árbol milagroso que dio frutos. La santa utilizaba sus semillas para hacer rosarios con los que oraba por los enfermos y se sanaban. Los descendientes del árbol milagroso aun están en el jardín del convento de Montefalco. Las hermanas del convento, siguen hasta hoy, haciendo estos rosarios. Se pueden adquirir en la tiendecita de la Iglesia.